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Menchov, el mejor amigo de la Vuelta
El corredor ruso tumbó al belga Devolder, alejó a Sastre y concedió a su colega Piepoli la primera etapa pirenaica, que finalizó en Cerler El ciclista del Rabobank exhibió su fortaleza y se colocó como líder
10.09.07 -
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Menchov, el mejor amigo de la Vuelta
SIMBIOSIS. Piepoli ascendió a Cerler junto a Menchov, que le cedió la etapa al enfundarse el maillot oro de líder de la Vuelta. / EFE
No se le pueden poner puertas a la amistad. Ni fronteras. La Vuelta a España fue ayer de dos amigos. De un líder ruso que vive en Pamplona y sueña con el Tour de Francia: Menchov. Y de un ganador en la cima de Cerler que nació en Suiza, creció en Italia, vive en Mónaco y se formó como ciclista en el calendario español: Piepoli. Unidos en Cerler. El lazo del emigrante. La solidaridad del exilio.

O algo así. El caso es que Menchov y Piepoli cruzaron el planeta para ser amigos. Llevarse bien con el italiano es fácil. De terapia tiene una sonrisa. La aplica cada tarde en su consultorio privado: la habitación de ese hotel itinerante que ocupa en cada carrera. Cuando algún compañero cae abatido por la depresión o la derrota, lo mandan a dormir con Piepoli. Al abrigo de su carcajada. Su oficio es la alegría. «Ya soy viejo para ganar la Vuelta. Prefiero levantar los brazos al cielo en una etapa», bromeaba ayer mientras celebraba su triunfo y el de su colega ruso. «La Vuelta es para Menchov. Siempre he dicho que es el corredor con mayor potencial del mundo. Ganará un Tour», pronosticó. Alababa al amigo. «Denis y yo lo somos. Así es más fácil el acuerdo». El pacto que ayer firmaron con Cerler al fondo: la etapa para el suizo-italiano y la general para el ruso-navarro. Entraron juntos. De la mano. Ya lo dice el refrán: 'Quien tiene un amigo, tiene un tesoro'. O dos. Victoria en Cerler y liderato. A repartir. El botín de los emigrantes.

Pero emigrar no es siempre el camino al éxito. Sastre es un madrileño macerado en Ávila y asalariado en un equipo danés, el CSC, con patrocinador californiano. Subió Cerler como es: con ese gesto enquistado, duro. Con el infinito Íñigo Cuesta a su lado. Su amigo, el gregario más antiguo del pelotón. Cuesta abrió la primera curva de Cerler, la que cerraba el camino. Un giro a la derecha casi vertical. Su ritmo machacón, 'tecno', estableció el nuevo orden de la Vuelta. Al líder ocasional, a Devolder, se le hundieron las ruedas en el asfalto de Cerler.

Subió con la figura de rodillas. Había chocado contra los Pirineos, contra la realidad. De piedra. Para entonces ya estaba en el archivo la retirada de Óscar Pereiro, con un virus inquilino de sus tripas, y también la escapada de los entusiastas: de Marchante, Igor Antón y David López. Acababa de empezar la Vuelta de Menchov.

Y de su amigo: Piepoli. Del hijo de un quesero italiano que marchó a Suiza. A la emigración. Al frío país neutral. Cuando regresó la familia a Italia, Piepoli tenía diez años. No quería volver. A esa edad nadie quiere dejar el paisaje de su infancia, sus amigos. Pronto tuvo otros. Muchos. De muchos países. Hasta de Rusia. Menchov. La risa es contagiosa. Se reencontraron ayer mediada la subida a Cerler, un puerto del 'Valle Escondido', el que aclaró la carrera.

Subida de Mosquera

Piepoli movió su péndulo. Ágil. Aéreo. Menchov le siguió. Nudo. Sastre dio lo que da siempre: todo. Pero tuvo que plegarse. Con el castellano iba otro emigrante, Mosquera, un gallego que marchó de chaval a Portugal y que ahora, ya con 31 años, vuelve a casa, al Karpin-Galicia. El resto venía un poco más atrás. Samuel Sánchez, Luis Pérez, Moreno, Efimkin, Evans, David López, Karpets, Antón... Todos cerca de Menchov en la etapa, pero lejos en la general. El ruso tiene dos minutos sobre Efimkin y Evans; tres sobre Sastre, y más de cuatro sobre Mosquera, Devolder y el 'euskaltel' Samuel Sánchez.

Dos semanas le quedan a la Vuelta para reciclar esa clasificación. Para buscarle enemigo al líder ruso. Ahora sólo parece tener uno: él mismo. En 2005 perdió ante Heras una edición que tenía ganada. Por un descuido en el descenso de La Colladiella. Y viene de un Tour maldito, de ver cómo su compañero Rasmussen era desintegrado por la sospecha de dopaje. Menchov se fue con el danés expulsado, al día siguiente.

Su liderato de ayer en Cerler nació de las ruinas de ese Tour. El ruso tiene tendencia a anularse, pero también tiene buena memoria de la rabia. Es amigo de sus amigos. De Rasmussen y de Piepoli. Es fácil serlo de un italiano que carcajeaba ayer al dedicarle la victoria a su hijo Yannis. «Es nombre de chico, viene del griego, eh. ¿De chico, vale?». Queda claro. Como la Vuelta. Y sonreía.
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