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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Schnabel toma la antigua Tabacalera de San Sebastián con sus pinturas
Defiende el viejo edificio, frente al 'costoso' Guggenheim y la obra de Nouvel en el Reina Sofía
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Schnabel toma la antigua Tabacalera de San Sebastián con sus pinturas
LOCUAZ. Schnabel, durante la presentación en el viejo edificio de la mayor exposición de su vida. / EFE
Summer, la muestra que hoy inaugura Julian Schnabel en San Sebastián, es una declaración de amor a muchas cosas. A su familia, con retratos de su mujer y de sus hijos; a los materiales, encontrados en los lugares más insospechados; a la paz, «porque los que disponemos de tiempo debemos educar a la gente en el arte». Y sobre todo es una declaración de amor a un edificio, al de la antigua Tabacalera de San Sebastián, centro de producciones artísticas en ciernes.

«Es uno de los más impresionantes del mundo para mostrar arte contemporáneo. En el MoMa, de Nueva York, no hay estos espacios. Fijaos en la cantidad de dinero que costó fichar a Frank Gehry para que hiciera el Guggenheim de Bilbao. Éste es un lugar único», explicaba Schnabel en el interior de la vieja fábrica de tabacos.

El artista neoyorkino es contundente en su opinión sobre la recuperación de edificios emblemáticos. «Me han dicho que la idea es hacer un concurso entre arquitectos y me da miedo. No hay más que ver lo que ha hecho Jean Nouvel con el Reina Sofía. Antes era perfecto y ahora es una basura».

'Summer' (verano en inglés) es una de las épocas más importantes para San Sebastián, y en verano es cuando Schnabel realiza la mayoría de sus cuadros porque le gusta pintar al aire libre. «Así puedo ver mejor, alejarme más de mis pinturas, verlas bajo una luz totalmente distinta en diversas horas del día. También, el tiempo afecta a las pinturas; la lluvia crea manchas, moho...»

Schnabel pronto tuvo claro qué cuadros quería enseñar en San Sebastián, los que más le gustan y que se encuentran en su colección particular, junto con otros de coleciones privadas europeas y americanas como las de Bruno Bischofberger y Gian Enzo Sperone. «Se trata de la exposición más grande de mi vida. La del Palacio de Velázquez, de Madrid tenía 50 obras y en esta he colocado unas 70».

Schnabel se convirtió en cicerone de la muestra y realizó un recorrido por las 19 salas que ocupa elogiando su inmensidad y la iluminación natural conseguida a través de los luceros. En su peculiar castellano comentó que «aquí está mi obra, mi tiempo y mi sinceridad».

La conquista de Olatz

Por fechas, 'Summer' comienza en 1982 y concluye hace unos días, cuando fue a mirar una casa porque tenía la posibilidad de comprarla. No lo hizo pero se llevó unos mapas antiguos sobre los que ha dado unos brochazos violetas.

Schnabel resalta el protagonismo de los materiales, tan importantes como las imágenes y recuerda perfectamente dónde los consiguió. «En esta lona, por ejemplo, pone Pablo porque la usaba la persona que pintaba mi casa y que se llamaba así. Se la cambié por otra nueva». Otras telas proceden de excedentes del Ejército; sobre ellas ha dejado unos intensos violetas.

También explica la razón de un trabajo tan ecléctico: «Muchos pintores han creado su propio estilo. Está muy bien, pero a la larga son reconocidos al instante, no hacen meditar y es muy aburrido. Ves un gordo y sabes que es Botero; muy aburrido. A mí no me interesa ese camino. Prefiero que mi obra por separado no se reconozca, pero que se comprenda el hilo conductor que hay entre todas las piezas porque la verdad del arte y de todo en la vida está en los objetos».

En uno de los últimos cuadros se está escrito el nombre de su mujer, la exmodelo donostiarra Olatz López-Garmendia. «Pinté catorce, cuando casi no me conocía. Aquí, Olatz es un nombre popular pero fuera es desconocido. Pensaba que tenía nombre de planeta. Mi español ahora no es bueno, pero entonces era pésimo. Así que para comunicarme con ella le envié un cuadro. A su novio no le hizo mucha gracia, pero a mí me salió bien. Ahora es mi mujer y tenemos gemelos de trece años. Fue mejor que una carta de amor».
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