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Como aquel gobierno del 83
El PNV no gobernaba en solitario desde la histórica legislatura que puso en marcha la Diputación
07.07.07 -
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Como aquel gobierno del 83
1986. Makua interviene en las Juntas ante Rafael Iturriaga, Rosa Díez, Antón Aurre, José Luis Bilbao e Ina Etxebarria. / MAITE BARTOLOMÉ
Hay que remontarse al 11 de junio de 1983 para encontrar un pleno de investidura como el que se celebró el pasado jueves en las Juntas Generales: con todos los diputados miembros de un mismo partido, el PNV, en torno al árbol de Gernika. Después de cinco mandatos en coalición -tres con los socialistas y dos con EA- el gobierno foral vuelve a ser monocolor, aunque las cosas han cambiado mucho desde aquella histórica legislatura. Basta con escuchar a algunos de sus protagonistas.

La institución foral estaba, literalmente, sin hacer. Durante los primeros años de la democracia, José María Makua presidía al mismo tiempo la Diputación y las Juntas Generales. Las elecciones del 83 marcaron «un punto y aparte» con la separación del Parlamento y el Ejecutivo. Hubo que crear los departamentos forales -ocho entonces- mientras se preparaba la reforma de la Casa de Juntas de Gernika.

Era «un reto histórico sin precedentes», en palabras de Makua. El diputado general, que gobernaba con mayoría absoluta, se rodeó de un equipo «potente» en el que destacaban «tres jóvenes agresivos y con muchas ganas»: José Alberto Pradera, Jon Azua y Alfonso Basagoiti. Este último fue el primer diputado foral de Hacienda. Acababa de aprobarse el Concierto Económico y «al recuperar las competencias fiscales, pasamos de ingresar 2.000 o 3.000 millones a 200.000 o 300.000», explica.

«Había que montar la maquinaria para recaudar todo eso. Convocamos oposiciones para que entraran cientos de personas, con no pocos problemas con los sindicatos». Y todo ello «mientras estaba cerrando Altos Hornos, en los años más duros de la reconversión industrial».

Quizá por ser tiempos difíciles o por la conciencia de que «se estaba haciendo algo importante», se alcanzaron acuerdos decisivos en las Juntas Generales. Basagoiti no olvida «la responsabilidad que demostraron todos los partidos. Teníamos relación personal con todo el mundo: me acuerdo de Julen Guimón, el portavoz de AP, los socialistas Enrique Antolín e Ignacio Ipiña, Rosa Díez... y yo también aceptaba cantidad de enmiendas a los presupuestos. Había una base importantísima de confianza, algo envidiable hoy en día».

También ayudaban al entendimiento las horas que pasaban los junteros enfrascados en los debates. Los de presupuestos duraban dos o tres días. «Nos subían bocadillos del 'Faisán' y a seguir», recuerda José Alberto Pradera, que era diputado de Ordenación Territorial y Relaciones Institucionales. A él le tocó ir «de pueblo en pueblo» y organizar las primeras inversiones en los municipios. «Éramos vocacionales, teníamos muchísima ilusión y estaba todo por hacer», dice el que fue estaba llamado a ser diputado general.

La Diputación y el Gobierno vasco se enfrentaban por conflictos de competencias. Se estaba gestando la Ley de Territorios Históricos, «que creó desgarros importantes en el partido. De eso vino la escisión», apunta Pradera. Dentro de la Cámara también había debates «tremendos, muy ideologizados», con despliegue de oratoria. Los cronistas de aquella etapa relataron los «cabreos bíblicos» del carismático Makua y también su imagen con katiuskas en un Bilbao triste y embarrado, cuando dijo: «Vamos a salvar Vizcaya aunque hundamos la Diputación».

Tras las inundaciones, se aprobó un presupuesto extraordinario de 5.500 millones de pesetas. Eran tiempos de grandes inversiones y de necesidades aún mayores. Aunque la 'Supersur' todavía estaba lejos, ya se hablaba de la construcción del metro y de la segunda fase de Ugaldebieta. El puente de Rontegi, en el que el ingeniero Pradera trabajó durante un tiempo como director de obra, se inauguró dos veces en 1983, antes y después de las elecciones.
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