Querer al Alavés

TOMÁS DURÁN

La situación por la que atraviesa el Alavés me produce una profunda tristeza, aunque debo reconocer que no es algo provocado en un día. Parece que ha llegado uno de esos momentos en los que el club requiere la ayuda de muchas manos para salir adelante. Y, sin embargo, esas ayudas no llegan.

Puede ser verdad que técnicamente la Caja Vital toma una decisión correcta al no conceder el crédito. Desde un punto de vista financiero tendrá sus justificaciones. Sin embargo, a mí me entran dudas de si realmente ese análisis financiero corresponde ahora, en este caso. Se me ocurre, en primer lugar, que es una decisión impopular. Y también me extraña que la Vital dé un simple no, sin alternativa posible, sin ofrecer alguna salida.

En ningún momento estoy diciendo que al Alavés haya que darle dinero, ni la Vital, ni las instituciones. Un crédito se paga a plazos a través de unas amortizaciones y con sus intereses; no es un regalo. Digo que desde un punto de filosofía de ciudad, la Vital podría haber mirado a otros activos que posee el club. Por ejemplo, la plaza en Segunda tiene un valor canjeable, lo mismo que los derechos de los jugadores o la marca 'Deportivo Alavés'. En definitiva, creo que de existir una intención, la caja de ahorros sí podría haberse implicado más.

Y en este punto me vienen a la cabeza varias comparaciones. La situación del Alavés sería impensable en Bilbao, Pamplona o San Sebastián, donde las instituciones encuentran una manera u otra de ayudar a los clubes, a veces de forma muy descarada. Tampoco quiero que pase eso aquí; simplemente pido que las instituciones apuesten.

Después de repasar estas líneas, puede que esté dando una imagen demasiado pesimista del Alavés. No creo que su presente ni futuro sean tan negros como para pensar en la desaparición. Los albiazules ya hemos pasado momentos malos. Y si ahora se concreta esa vía de ayuda al club mediante un compromiso de ser socios a tres años, quizá sea la oportunidad de demostrar nuestro alavesismo.