Situación de «angustia» de los empleados

I. M.

«Angustia, vergüenza, disgusto...». Son las sensaciones de los empleados del Deportivo Alavés, esas personas anónimas que trabajan dentro del club y que añaden el agravante de su situación personal al sentimiento albiazul. Sus trabajos, sueldos y futuro están en el aire; su incertidumbre, elevada al cuadrado. Muchos de ellos finalizan contrato el sábado, 30 de junio, y nadie se ha dirigido a ellos. Y ellos no saben a quién dirigirse.

Se acuerdan de Piterman, pero también de la entidad financiera que niega el crédito al grupo inversor y de la falta de iniciativa de los partidos políticos. «No me entra en la cabeza que por ese dinero vayan a dejar morir al Alavés», se queja uno. «Parecemos los bobos, el patito feo. Si esto pasa en otro lado las instituciones enseguida sueltan la pasta y se soluciona», corrobora otro. U otra. El sentimiento es generalizado.

Se acuerdan también de los «300 chavales de la cantera que pueden quedarse en la calle» en el peor de los casos. «¿No hablan de obra social? Qué más que esa». Y se acuerdan también, en este caso para bien, de Fernando Ortiz de Zárate. Destacan su talante y su trabajo por el club. «Desde luego que tiene todo nuestro apoyo», aseguran sin ambages. Sus caras delatan el nivel de su preocupación, pero no pierden la esperanza.

Al menos, aunque 18 días tarde, ya han cobrado el mes de mayo. Más vale tarde que nunca. Y entre los adláteres de Piterman, sólo Chuchi Cos y puntualmente Ainara Knörr acuden a su cita con el trabajo en el club.