Prensa y libertades

Joan Tapia
JOAN TAPIAPeriodista

Decir que la prensa libre –y también potente e influyente– es condición necesaria para la existencia de un régimen de libertades es casi un lugar común. Recuerdo que el presidente Mitterrand decía que la prensa era a veces banal, superficial e interesada, pero que sin prensa libre no había democracia.

Además, en muchos países la existencia de un grupo no forzosamente grande, pero si cualitativamente influyente de periódicos –o medios de comunicación– de calidad, ha sido una de las columnas vertebrales del régimen democrático. Ahora en muchos países –quizás en España más– nos encontramos con que la crisis económica y la irrupción de las nuevas tecnologías colocan a la prensa tradicional –de calidad o de interés local– ante un reto complicado. La crisis ha provocado un descenso muy significativo de los ingresos publicitarios y esta caída de ingresos ha venido acompañada de un fenómeno –más relevante a largo plazo– como la irrupción de la información a través de la red. La mayoría de los diarios se han adaptado con sus ediciones digitales. Pero estas ediciones –que van ganando con rapidez terreno al papel– son más difíciles de rentabilizar. Cuesta hacer pagar al lector por el digital –el criterio de que la red es gratis, aunque no absoluto, es dominante–, además los ingresos publicitarios de las ediciones digitales son inferiores a los tradicionales.

La prensa se encuentra así ante un triple desafío: pérdida de lectores por la venta en kioskos, descenso por la crisis de los ingresos publicitarios tradicionales, y dificultades para compensar en las ediciones digitales esta pérdida de ingresos. Y este descenso sensible de ingresos, que se ha prolongado en el tiempo, ha comportado una caída de los beneficios y la necesidad de recortar muchos gastos, incluidos los de redacción, lo que puede hacer bajar la calidad y el atractivo de los diarios e incrementar así la pérdida de lectores. Este fenómeno puede verse agudizado por el intento de compensar el descenso de los ingresos publicitarios clásicos con otros procedentes de la subvención, más o menos enmascarada, del poder político –central o autonómico–, o de cualquier otro tipo de poder. No es algo nuevo, pero adquiere mucha más relevancia al coincidir con el fuerte descenso de la publicidad clásica que era la mayor fuente de ingresos y garantía de la independencia.

Todo ello puede acarrear una pérdida de prestigio, influencia e incluso lectores que provoque en espiral otro descenso de ingresos. Así la prensa al perder ingresos ve como su autonomía se tambalea lo que puede contribuir a un descenso de lectores, a otro subsecuente fallo en los ingresos y a todavía menor independencia. Esta espiral negativa es un grave peligro.

Además, la coexistencia de la prensa tradicional con un nuevo sector "sólo digital" que –salvo importantes excepciones– no siempre se sustenta en el mercado agrava el fenómeno. Estamos ante un reto fundamental para la supervivencia de la prensa de calidad que puede afectar en los próximos años al funcionamiento de la democracia. La prensa debe saber reaccionar y el determinismo pesimista es inaceptable. Hace ya muchos años –desde los primeros 60– que en Cataluña se decía que el sector textil era un sector maduro, adecuado sólo para países de salarios bajos. Pero la realidad es que hoy empresas punteras españolas –como Inditex– demuestran que en este sector hay vigorosas iniciativas.

El reto es que editores y periodistas sepan afrontar el "shock" actual con visión de futuro y voluntad y capacidad de adaptación.

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