Ernesto sale por piernas

El marido de Carolina de Mónaco se encara en Ibiza con unos turistas a los que confundió con unos paparazzi

ARANTZA FURUNDARENA
Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover./
Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover.

Parafraseando a Bárcenas... «No me gusta que el Ernesto esté siempre ocioso». Preferiría ponerlo a trabajar y a rendir, aunque fuera en Suiza. No sé si la ociosidad será la madre de todos los vicios, pero desde luego el de Hannover pasa por ser su hijo predilecto. Apenas ha puesto un pie en Ibiza y ya ha empezado a amenazar con repartir leña a justos y pecadores... Más a los primeros que a los segundos, según relata la web Vanitatis. Es de agradecer que en Baleares el pasado viernes luciera el sol y el todavía marido de Carolina de Mónaco no tuviera a mano un paraguas. Y hay que celebrar también que no llevara consigo una sombrilla playera (porque eso tiene que doler...) Pero aun así, altivo y desarmado, él estaba dispuesto a liarse a mamporros con unos incautos turistas a los que confundió con paparazzi (es lo que tiene ver por duplicado).

Siguiendo el 'dresscode décontracté' que impera en Ibiza, Ernesto se paseó el viernes por la localidad de San Antonio con unas desgarbadas bermudas claras y una camisa color celeste medio desabotonada. En su cara podía verse e incluso admirarse con todo detalle el mapa de La Rioja, el plano de Hannover y su árbol genealógico completo con todas sus ramificaciones... Tras comer con un amigo, el príncipe primero entró en una farmacia (tal vez a por Alka-Seltzer) y luego compró tabaco para más tarde dirigirse con su acompañante a un local de moda donde bordan los mojitos. Para cuando salieron, ya eran cuatro los botones desabrochados de la camisa de Ernesto y como unos cinco los de su compañero... El calor rara vez es compatible con el dandismo, a menos que uno sea Lawrence de Arabia. Y no es el caso.

Fue ese sobrecalentamiento global lo que llevó a Ernesto, momentos después, a sacar las piernas por la ventanilla del automóvil que conducía su amigo. Y claro, los paparazzi, que no son de piedra, empezaron a perseguirle... ¿Acaso no sabe el de Hannover que sus pantorrillas, sin ser precisamente las de Sara Carbonero, podrían muy bien convertirse en la foto del verano? Pues por lo visto no. Catorce años casado (por llamarlo de algún modo) con Carolina de Mónaco y todavía no se ha enterado de qué va esto. Le escandaliza y ofende que la prensa intente inmortalizar sus extravagancias (a veces tremendamente creativas, todo hay que decirlo). Pues si no quiere prensa del corazón en cada esquina que haga como Alejandro Sanz y se vaya al Ártico.

Total, que tras una persecución digna de Chaplin o Buster Keaton, en la que el príncipe de los mareos a punto estuvo de atrapar a un fotógrafo al vuelo, los perseguidos decidieron detener el vehículo. Ernesto salió y se encaró vivamente con los ocupantes del coche de atrás, dos atónitos turistas que van a tardar en recuperarse de la impresión tanto como nos costará a muchos olvidar la imagen del último tapón de San Fermín (una dramática escenificación del 'Guernica' de Picasso). Eso sí, en cuanto Ernesto descubrió su tremendo error, volvió a toda prisa al vehículo del que nunca debió salir y él y su acompañante se internaron en un coto de caza... Tal vez con la remota esperanza de que en ese hábitat sea especie protegida el energúmeno.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos