El Correo Digital
Viernes, 1 agosto 2014
tormenta
Hoy 17 / 27 || Mañana 16 / 23 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
Maite Unceta: «En Filipinas hay pobreza, pero se les ve felices»

VASCOS POR EL MUNDO | Empleada de marketing, en Cebú

Maite Unceta: «En Filipinas hay pobreza, pero se les ve felices»

Finalizada su beca en Vietnam y con un vuelo de vuelta a Euskadi, esta vizcaína se echó la manta a la cabeza y se mudó al cinturón de fuego del océano Pacífico

19.05.13 - 01:17 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

El mes más frío la temperatura media es de 20 grados. Así que todos los fines de semana Maite Unceta se planta el bikini y coge la mochila. Esta vizcaína reside desde hace dos años en el verano interminable. Desde que puso un pie en el sudeste asiático con la idea de regresar a los seis meses. Nada más finalizar la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas, consiguió una beca en la Embajada española en Vietnam. «Mis padres querían que probase en Londres, y yo misma había contemplado la opción de Latinoamérica. De Vietnam solo me sonaba la guerra y poco más». Le echó valor y acabó viviendo toda una experiencia. Tanto le gustó que aquella prueba de seis meses se ha alargado dos años.

Había viajado por Europa y vivido con sus padres en Portugal, «pero Asia es otro mundo». Su intención inicial era regresar al cabo de medio año, pero en España se agravaba la crisis económica y su familia y amigos le animaron a no volver. «Una recién licenciada en Euskadi lo tenía muy complicado, así que decidí exprimir al máximo mis oportunidades aquí». Antes de finalizar su beca, allanó el camino y pronto encontró una vacante en una empresa americana asentada en Filipinas. La escogieron tras varias entrevistas por 'skype', pero le entraron las dudas. «Tenía que salir del país porque se acababa la visa y tenía el vuelo de vuelta el 8 de octubre. Dos días antes de que se cumpliera la fecha, decidí aceptar la oferta de Filipinas». En el último momento.

Marchaba a la aventura, a un país a priori inseguro. «Los contras ganaban por goleada», apunta. Aun así se animó a probar. Y hace año y medio se mudó a Cebú para entrar a formar parte de una multinacional americana, líder mundial en publicación de autores independientes. Ella trabaja en el área del marketing para las marcas de Sudamérica y España. «Menos mal que entré en este departamento, porque el resto de la plantilla trabaja de noche para adaptarse al horario americano».

El aterrizaje en Filipinas fue menos chocante que en Vietnam, un país al que se conoce como la Sudamérica asiática. «Esto le confiere un trato más cercano y hay una mezcla rara, con una marcada influencia americana y española». Lo primero que sintió al aterrizar en Vietnam fue «agobio». Todos los sentidos se activaron a causa del calor, los olores fuertes y los sabores acentuados. «Había tal cantidad de gente en la calle que parecían fiestas de Bilbao», dice. Una superpoblación en las aceras y en el tráfico.

Los primeros meses resultaron muy duros, hasta que se acostumbró al ritmo vietnamita. «Alquilé una moto y conduje por primera vez por uno de los tráficos más caóticos que he visto. Allí la gente toca la bocina constantemente y llevan las motos cargadas de todo». A la inseguridad tras el volante, se sumó la barrera lingüística. «Hablan sólo vietnamita y te tienes que arreglar con gestos. Si les hablabas en español, te ponían mala cara y no lo aguantaban. Aprendí a decir lo básico y, al menos, valoraban ese esfuerzo».

Lo que más agradeció esta vasca nada más llegar a Filipinas fue poder hablar con la gente y que le preguntaran de todo. «Una de las lenguas oficiales es el inglés y la gente resulta muy abierta». Otro cambio importante fue el de la gastronomía. De una comida basada en la verdura, como es la vietnamita, a una saturada de grasas. «En Vietnam está prohibido todo lo americano y no ves grandes cadenas de comida rápida. En Filipinas, sin embargo, ocurre todo lo contrario por esa influencia de Estados Unidos. Les encanta el 'fast food', y de la cocina española han cogido todos los platos derivados del cerdo menos el jamón».

Salir a gatas del autobús

La influencia americana también es patente en el mercado laboral. Al ser la producción más barata, las multinacionales escogen este país asiático, y sus trabajadores hacen vida nocturna para seguir el horario americano. «En las empresas filipinas los trabajadores locales cobran muy poco, a pesar de estar bien formados, y la mayoría acaban en 'call centers'. Hay médicos que resuelven problemas por ordenador». A los extranjeros les pagan un plus por el idioma. Pero, aun así, en Filipinas no abundan los occidentales y los pocos que hay no trabajan por cuenta ajena. Existen muchos extranjeros con negocio propio, como resorts o escuelas de buceo.

Ella trabaja en Cebú, que algunos consideran el centro económico y mercantil más importante de Filipinas después de Manila. Una impresión con la que no está muy de acuerdo. De hecho, ella misma consultó la wikipedia antes de viajar y se llevó una sorpresa al pisar su nueva residencia. «Es un poco pueblo, hay mucha pobreza y es caótica», describe. Queda mucho por hacer en la isla. Trabaja en un recinto empresarial rodeado de jardines, pero cuando sale de allí no vuelve a ver el verde.

Los puestos callejeros abundan en Cebú, donde es normal ver a niños vendiendo cigarrillos solos y descalzos. Las calles se llenan de ruido y es habitual que la gente ponga la música a todo volumen. Un ejemplo de que esta ciudad se aleja un poco de la modernidad son los autobuses típicos de allí. «No hay paradas, y para que se detengan la gente grita o esboza una especie de beso, al principio yo pensaba que me estaban piropeando», sonríe. Lo peor es cuando estás dentro, ya que en estas furgonetas, con bancos a los lados, los pasajeros se sientan unos encima de otros, hasta con gallinas en la mano. «Y para bajar hay que tocar con una moneda en un hierro y, a veces, salir a gatas».

Una anécdota y un tipo de vida muy distinto. «Hay más pobreza, pero a la gente se le ve feliz, y lo poco que tienen lo comparten». Eso unido al paraíso que encuentra a una hora en bus, de impresionantes playas de agua cristalina, compensa los inconvenientes. Pese a todo, cree que le queda poco tiempo en Cebú. «Me gustaría regresar al País Vasco por mi familia y amigos, pero eso casi supone el suicidio laboral. En agosto iré a Bilbao y entonces me plantearé qué es lo que hago».

En Tuenti
Maite Unceta: «En Filipinas hay pobreza, pero se les ve felices»
Maite disfruta del clima cálido y de las impresionantes playas que hay a una hora de su casa. /E.C.
Te ofrecemos todos los eventos de cada día: teatro, conciertos, exposiciones...
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.