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Victoria Pérez Miranda: «Mi residencia base es mi maleta»

VASCOS DE ALTOS VUELOS | Bailarina, coreógrafa y docente

Victoria Pérez Miranda: «Mi residencia base es mi maleta»

Desde hace siete años viaja por el mundo como 'free lance' para compañías y coreógrafos de danza contemporánea

07.04.13 - 00:45 -
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Su agenda echa humo. Sus varias agendas porque ya tiene programada toda la temporada 2014-2015 por el mapamundi. Sí, porque no tiene un lugar fijo donde dormir. Victoria Pérez Miranda dedica su tiempo completo a la danza, y lo hace por todo el mundo. Durante unos días descansa en casa, en Bilbao, junto a su familia. Después, se va a trabajar como intérprete a una compañía alemana, a Grecia a presentar un solo creado por ella, y a Canadá para trabajar en una coproducción. «Lo mezclo todo». Esto es solo el principio de una larga lista de recorridos, de anécdotas y de vivencias. «Desde hace siete años no tengo una residencia base. Mi residencia base es mi maleta».

Su primera incursión al extranjero lo hizo a lo «bestia». A Nueva York y con sólo 16 años. «Tenía también la opción de irme a Londres, y mis padres no querían que me fuese a EE UU, pero al final les convencí», recuerda esta bilbaína. El Gobierno vasco le concedió una beca y se trasladó a la 'Gran Manzana' para prolongar sus estudios de danza tres años en el estudio de Merce Cunningham. «Era demasiado niña. No pude disfrutar totalmente de la experiencia. La primera semana la pasé llorando». Combinó las clases con el trabajo porque la beca no cubría todas sus necesidades. Y en 1997 se mudó a Londres porque «la danza americana no era lo que esperaba» y porque su visa de estudiante se acabó.

En Londres continúa su formación en The Place, y un año después es admitida en la escuela superior de danza contemporánea de Francia. «Nunca se me pasó por la cabeza regresar a España». El motivo es que en aquella época no había nada con respecto a la danza contemporánea, y menos en Bilbao. Pero esta vasca echaba de menos a su familia y sus raíces, y tuvo la suerte de que una coreógrafa española la llamó para formar parte de su compañía, Provisional Danza en Madrid. Siete años con un lugar físico al que volver, pero viajando más que nunca. «Hacíamos muchas giras. Cinco o seis veces al año íbamos a Sudamérica y también a Asia. Cada vez le fui cogiendo más miedo al avión porque llegaba un día de Venezuela, al otro estaba en Armenia, y al siguiente en Tokio».

Vueltas y más vueltas. Ejercía de bailarina y de asistente de coreografía. Pero Pérez Miranda necesita más. Quería más retos a los que desafiar. Así que dejó la compañía y otra vez maleta en mano comenzó su aventura como trotamundos. «Como bailarina 'free lance' tenía poco que hacer en España». Ejerce como intérprete, coreógrafa y da clases en diferentes ciudades. Trabaja para varias compañías y coreógrafos por medio mundo. Y, al mismo tiempo, presenta sus propios proyectos.

Respeto asombroso

Desde enero ha vivido en Londres, Barcelona, Berlín, Fráncfort, Colonia, Bruselas y Colonia. Estancias cortas en las que poder llevar a cabo su pasión por la danza. «Tengo suerte de tener la agenda tan completa porque este sector ha sufrido muchos recortes en todos los sitios. Pero soy más reconocida fuera, que en mi casa». Se ha labrado una carrera profesional con peso, pero en su ciudad natal la gente desconoce su trabajo. «Es una locura y a veces creo que abarco demasiado. No sabes dónde duermes ni comes. Y resulta casi imposible mantener un horario normal». Ya le pasó una vez despertar en un hotel y no saber en que país se encontraba. «Desperté y miré a mi compañero de la compañía diciendo: ¿dónde estamos? Levantamos las persianas y solo veíamos rascacielos a nuestro alrededor. Fue ir al baño y mirar el retrete especial para comprender que estábamos en Tokio».

Las diferencias culturales las sufre cuando pisa un escenario. «Aquí estamos a años luz. Todavía me preguntan si sigo con el bailecito», dice con cierta sorna. En el norte de Europa, en cambio, se respeta a los bailarines de una forma asombrosa. Tienen muchas más facilidades, hasta estatuto de artista en Bruselas. «Esto significa que tienes un paro de por vida por haber trabajado en la danza dos años y dieciocho meses. Si te conceden este estatuto, puedes trabajar al de unos meses, darte de alta un día para una función, y te renuevan el paro un año más», explica. Bruselas es la cuna de la danza contemporánea y allí si levantas una piedra, salen bailarines por todas partes.

Pero España no se queda tan atrás como Sudamérica, donde es mucho más duro sobrevivir siendo tan solo bailarín, o en Turquía, donde no existe absolutamente nada. «En Rusia también es muy complicado porque el público solo entiende el ballet clásico». Allí te miran como un bicho raro si no te ven con un tutú y en puntas. Pero lejos de los escenarios, donde se comprueba la verdadera reacción del público es en los festivales de calle. «Recuerdo que en Seúl interpretamos una pieza en la que comenzábamos regalando flores a los transeúntes. Y cuando íbamos a ofrecérselas, la gente salía corriendo. No están acostumbrados», relata.

En el norte de Europa se consume más cultura, pero también es cierto que es más fácil porque existen abonos o más ventajas económicas que en España. «Es una pena que no haya una compañía en Bilbao. Te tienes que ir fuera para triunfar. Pero la calidad de vida de España es mejor. El norte de Europa es más frío y lluvioso, y la gente es más cuadriculada, como en Alemania, donde un señor me paró y me regañó fuerte por cruzar un semáforo en rojo». Aún le quedan muchas más anécdotas a esta vasca, que seguirá llevando su baile fuera de cualquier frontera. «Yo soy de todos los sitios, y de ninguno en particular».

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Victoria Pérez cree que a veces abarca «demasiado». /E.C.
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