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Itziar Rubio: «No elijo mi destino, voy donde me mandan»

VASCOS DE ALTOS VUELOS | Gestión Cultural en AECID Perú

Itziar Rubio: «No elijo mi destino, voy donde me mandan»

24.03.13 - 00:55 -
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Pocos pueden decir que han sido partícipes de un momento histórico. En Perú, hace dos años, se constituyó el primer Ministerio de Cultura y vio la luz el primer documento gubernamental que garantizaba la política pública cultural. Itziar Rubio se encontraba allí, inmersa en plena efervescencia del país. Su único deseo es que ese desarrollo se centre «en diversificar las capacidades de las personas», y que los ingresos generados se distribuyan equitativamente en la sociedad peruana. «Ahora existe cierta esperanza con el gobierno de izquierdas, pero no hay garantías», dice esta vizcaína no sin preocupación. Su vocación por la defensa de los derechos humanos le llevó hace ocho años ha emprender un largo viaje. Diez países latinoamericanos y poco más de un mes en Argelia, trabajando en los campamentos de refugiados. No le gusta que la definan como «una heroína» porque ella ha elegido su camino y tiene un compromiso con la justicia social, pero además, «aprendo mucho de cada una de las experiencias», relata. Anima a experimentar alguna vez en el extranjero para mezclarse con otras culturas y abrir la mente.

Es cooperante internacional y ejerce como becaria en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Son siete años de experiencia en distintos países, cuatro idiomas, dos másteres y una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas. Un completo currículum, pero que aún no le ha reportado un contrato fijo ni cierta estabilidad. Aún así, esta vizcaína está feliz por desarrollar su vocación y su trabajo en la garantía de los derechos humanos. Un periplo que comenzó hace ocho años viajando de un país a otro, muchas veces con el campamento base en España. Ejercía de consultora y autónoma en diversos proyectos humanitarios. Pero hace tres años y medio desembarcó en Latinoamérica. Primero en Uruguay, luego en Argentina y, en 2013, la destinaron a Perú.

Ella es una ferviente defensora de la cooperación internacional, a pesar de que España sufra una situación económica difícil. «Es pertinente en cualquier momento de la historia, no un lujo reservado a épocas de bonanza. Hay que garantizar en países subdesarrollados que el crecimiento se centre en las personas y que los gobiernos incluyan las problemáticas sociales en sus agendas. Una cooperación basada en la sostenibilidad. Y para ello hay que buscar en la educación de la ciudadanía un factor estratégico para que el pueblo exija resultados». Este argumento anima a Rubio a continuar en esta difícil aventura. Y es que esta vasca no tiene condición de diplomática y existen países complicados en «los que te juegas la vida».

En Latinoamérica hay mucho trabajo por hacer, pero también mucho de lo que aprender. «Yo tengo 32 años y soy consciente de que mi generación ha nacido en un contexto político y económico fácil. Nuestros mayores tienen una mayor conciencia de salir a la calle y movilizarse. Tenemos que ponernos las pilas -sostiene-, mientras que aquí se nace con una conciencia militante». Muchos de estos países están sufriendo un renacimiento y el desarrollo es palpable. «Además, cada vez son más consciente de la situación de España. Vivo en un barrio de Lima que es el más pintoresco y artístico, donde se empieza a palpar una realidad: cada vez se fletan más aviones con españoles y llegan currículos de todos los sectores». Lo que se dice 'hacer las Américas'.

«Un fuerte choque cultural»

La oficina de AECID en Lima se encarga de democratizar el acceso a la cultura al pueblo peruano. Y es que existen muchas diferencias de vivir en países más occidentalizados como Argentina y Uruguay, a residir en Perú. «El choque cultural es muy fuerte en este país. El sistema de integración es más complejo, ya que se enmarca en un contexto político adverso al haber salido de una dictadura y de una sociedad abocada al pánico. A los peruanos les cuesta comprender que la calle es de uso público. Hasta hace poco no saludaban al vecino por miedo a la ideología». Un ambiente histórico que genera cierta desconfianza en su población, y aún falta una generación para que se normalice.

El aterrizaje de Rubio en Lima fue complejo. La destinaron a una gran ciudad insegura y con ruido. Unos ingredientes que no eran de su agrado. Pero al analizar la situación de efervescencia que vive el país, se siente feliz de ser testigo del surgimiento de las primeras políticas culturales del país. «Me ha costado, pero el cambio ha sido positivo porque estoy en un lugar con un proceso de apertura interesante en marcha». El destino le llevó a encontrarse en medio del meollo porque como ella misma confiesa: «Yo nunca elegí mi destino. Voy donde me envían».

Tiene en Perú hasta julio o diciembre. En AECID Lima la necesitan porque está a cargo de la parte operativa. Aún así, esta vizcaína es consciente de la realidad, y ya busca posibles vías para quedarse en Latinoamérica. «Creo que en Europa no tengo proyección alguna. Soy una exiliada que lleva ocho años luchando por crecer profesionalmente. Tengo ganas de estabilidad, pero ahora no puedo retornar a España».

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Itziar Rubio: «No elijo mi destino, voy donde me mandan»
Itziar, con pantalón rojo, y sus amigas en un parque de Lima, donde le ha llevado su labor solidaria. /E.C.
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