El obispo de Bilbao, Mario Iceta, no dudó en reconocer ayer que Benedicto XVI ha sido «un Papa extraordinario», que ha prestado «un buen servicio a la Iglesia hasta el final». Y más todavía -recalcó- porque ha demostrado «humildad» al renunciar al cargo. Así que nadie le puede reprochar haber querido «aferrarse a la silla de San Pedro», un talante que, según Iceta, demuestra una vez más que la Iglesia «es un servicio y no un poder».
Durante una entrevista concedida a ETB, elogió «la valentía y fortaleza» del Pontífice, pero los años no pasan en balde y, de un tiempo a esta parte, la merma de las fuerzas físicas de Joseph Ratzinger resultaba «evidente», admitió el prelado. De ahí que no le quedara más opción que madurar seriamente su retirada. «No podía más y ha decidido dejar el sitio a una persona con más vigor y más joven, que sea capaz de llevar adelante los retos que la sociedad y la Iglesia tiene en estos momentos», reflexionaba el obispo de Bilbao, que tuvo oportunidad de conocer a Ratzinger en Roma mientras cursaba estudios en la capital italiana.
Preguntado por las intrigas y luchas de poder ante el cónclave del que saldrá el nuevo Pontífice, admitió desconocer «la vida interna» de la Santa Sede, lo cual no impide que confíe plenamente en «la honestidad y el afán de servicio» de todas las personas que rodean a Benedicto XVI. Después de todo, añadió, «siempre que hay personas, hay debilidades». Muy diplomático, rehusó hacer quinielas a la vista de los candidatos supuestamente más papables y se limitó a recalcar lo sabido por todos: «Los cónclaves suelen dar sorpresas y resultados inesperados».
Por contra, cuando se le recordó las críticas del sector católico más feminista que condena la ausencia de mujeres en el cónclave, tuvo una respuesta rápida y contundente: «Yo tampoco participo y no me quejo». Los 117 cardenales con derecho a voto le parecen «personas muy cualificadas», por lo que la designación del futuro Papa no será difícil. «Hay mucho y bueno donde elegir», remató Iceta.
Casas parroquiales de sobra
De cara a los retos de la Iglesia, restó importancia al uso del preservativo como anticonceptivo y medida profiláctica ante las enfermedades venéreas. «La moral sexual es algo muy profundo y respetuoso, que no puede reducirse al preservativo sí o no», razonó al interrogársele directamente sobre el tema.
Al hilo de estas explicaciones, admitió que la Iglesia adolece de problemas de comunicación para expresar «los profundos motivos filosóficos y teológicos que la mueven». Aunque admitió que hay cuestiones, como los abusos a menores por parte de curas, donde no hay ambigüedad que valga. «Son episodios absolutamente negros y lamentables, por lo que pedimos perdón y justicia».
Para terminar, aludió a la labor social de la Iglesia en Bizkaia, donde se han destinado 138 inmuebles, de los 460 que tiene en la provincia, a familias con dificultades económicas. «Hace 30 años había 700 sacerdotes y ahora solo 300, por lo que hay casas parroquiales que están a disposición de la sociedad», explicó.