«Reivindico la honestidad de la política. No quiero ser ejemplo de nada ni de nadie, pero me crea desasosiego que ahora te miren con recelo por la calle por ser político, por algo por lo que me jugué la vida». Ramón Rabanera Rivacoba (Vitoria, 1948), ex diputado general de Álava entre 1999 y 2007, senador del PP y uno de los dirigentes con menos enemigos en Álava, atesora experiencia y habla alto y claro sobre casi todo. Nunca ha dejado de hacerlo y menos ahora, cuando acaba de conocer que al «Txapote ése», uno de los líderes más sanguinarios de ETA, ha sido condenado a otros 24 años de cárcel por ordenar su asesinato con un coche bomba que debía activarse al paso de su vehículo. Corría abril de 2000. «Hubo un fallo eléctrico. Ya me dijo el Ministerio del Interior, 'Ramón, se te ha aparecido la Virgen'», relata en declaraciones a EL CORREO.
El 'caso Bárcenas' ha llevado a sus niveles más bajos el prestigio de la política. En este contexto de casos de corrupción, en medio de la peor crisis económica en décadas y cuando los niveles de afección ciudadana están bajo mínimos, le llegó el miércoles la noticia de la sentencia a Javier García Gaztelu, 'Txapote', «símbolo de una etapa sangrienta y muy dura que no podemos olvidar», señala.
«Yo no exijo revancha, sólo pido memoria. Parece que estamos sumergidos en una especie de amnesia colectiva», apostilla el senador con cierto sabor agridulce. Y es que Rabanera es de los que piensan que el relato, la forma en la que se transmita a las generaciones futuras lo ocurrido, es vital. «Aquí hay una batalla que se ha ganado por la firmeza de mucha gente y eso no podemos olvidarlo», recalca.
En lo personal, el ex diputado general recuerda aquel episodio de abril de 2000 como si fuera ayer. «Serían las 14.30 horas. Salía de la Diputación. Era aquí al lado, donde el garaje Goya. Pasó dos veces, en un primer momento funcionó el inhibidor pero en la segunda, cuando idearon un sistema para evitarlo, se me apareció la Virgen, porque se produjo un fallo eléctrico. Pues sí, que te voy a decir», rememora en el tono campechano que le caracteriza.
No le pilló por sorpresa. «Cuando fui nombrado diputado general, lo primero que hice fue acudir al notario para hacer testamento. Lo comentaba muchas ocasiones con Fernando Buesa, que estos de la ETA nos tenían muchas ganas, que éramos dos piezas demasiado apetecibles. Fernando, por desgracia, no tuvo tanta suerte». Y pese a todo, sigue manteniendo que «mereció la pena».
Quizá por ello, porque también apareció en otros papeles de ETA en 2008, con datos de su vida privada muy detallados, se rebela ante quienes le dicen por la calle o tomando un pote que los políticos son todos unos corruptos. «¡Es que parece que tienes que esconderte y más yo, que soy senador¡», ironiza. «Pues no. La mayoría somos buena gente e incluso algunos estuvimos a punto de perder la vida por serlo», remacha.