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"No se puede ir fardando en México"

ni «bajar la guardia» ni «andar con tonterías»

"No se puede ir fardando en México"

EL CORREO habla con vascos residentes en aquel país tras la brutal violación de sies españolas en Acapulco

10.02.13 - 01:36 -
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«Cuando voy por la calle siempre tengo que mirar dos veces antes de sacar el teléfono. Tengo un iPhone. Tampoco es gran cosa y en España puede que no signifique demasiado. Pero aquí prefiero cuidarme de que no me vean. Por menos han robado o incluso han secuestrado a gente». Silvia Rozas lleva un año viviendo en México con su marido, Ander Aguirreurreta. El tiempo suficiente para saber que este país norteamericano no es el lugar indicado para «bajar la guardia» y «andar con tonterías». Silvia asegura que no tiene miedo, pero explica que su día a día está marcado por unas cautelas que serían impensables para los vascos. Esta creciente sensación de inseguridad que se respira en buena parte de México se explica con un somero repaso estadístico. En los últimos seis años se han registrado más de 70.000 muertos por la violencia relacionada con el crimen organizado y el índice de criminalidad se ha duplicado hasta alcanzar una tasa que supera los 13.000 delitos por 100.000 habitantes. Las atroces violaciones de seis españolas cuando pasaban el fin de semana con unos amigos en un bungalow a pie de playa en Acapulco no han hecho sino alimentar este debate y han colocado en el primer plano las dudas sobre los niveles de seguridad en aquel país, en el que están censados más de 86.000 españoles. EL CORREO ha recabado testimonios de vascos que viven en diversas ciudades de México para conocer sus experiencias y sensaciones sobre esta cuestión después de los sucesos de Acapulco, que han provocado una conmoción general.
Silvia Rozas Barakaldo. 31 años
«Es mejor renunciar a cosas que ir fardando»
Silvia y Ander se instalaron en la ciudad de Celaya -que viene de la palabra vasca zelaia (tierra llana)- atraídos por la oferta de trabajo que recibió su marido, empleado en una firma de automoción. Primero llegó Ander y pocas semanas después llegó ella a una ciudad ubicada en el Estado de Guanajuato, a 260 kilómetros de México DF, la capital. Silvia y Ander están contentos y viven «bien», sobre todo cuando lo comparan con la falta de oportunidades laborales que atraviesa España. No están en su «tierra» y hay «demasiado sol», pero la empresa les paga el alquiler de un adosado, un sueldo similar al que ganaría en Euskadi, gastos personales y un par de vuelos transoceánicos al año. Silvia explica que estas condiciones les equiparan a la clase media-alta de un país azotado por unas «tremendas» desigualdades sociales. «Hay mucha gente que vive en casas que valen menos de lo que te puede costar un reloj en España», ilustra.
La violencia no es un problema que se explica solo por razones sociales y económicas, pero estas circunstancias obligan a estar siempre «atento». Existen grandes diferencias de una zona a otra, pero México -recalca- no es un país para «llamar la atención». «Es preferible renunciar a cosas que andar fardando y que te roben o que te secuestren. Tampoco me atrevo a salir de casa sola por la noche. Aquí somos 'gachupines'», reconoce.
Aunque la inseguridad es algo que se percibe en el «día a día», Silvia tiene muchas historias para ilustrar este razonamiento. Una mañana acompañó a un amigo mexicano a un banco de Celaya, ubicado en un centro comercial, para sacar dinero. Mientras éste esperaba a ser atendido, ella salió a hacer algunas compras. Al cabo de un rato, cuando estaba en una tienda, recibió la llamada de su amigo pidiéndole que acudiese a buscarla para marcharse rápidamente de allí. Estaba nervioso porque le habían dado todo el dinero en billetes pequeños y envuelto «de mala manera». Silvia le dijo que esperase un poco en la puerta hasta que acabase los recados. Y su amigo mexicano se negó en redondo y le instó a marcharse de inmediato. «Date prisa. Conozco mi país y por mucho menos de esto aquí te matan», me dijo.
Alberto Santos Igorre. 32 años
«México es capaz de lo mejor y de lo peor»
Alberto Santos ha conocido la otra cara de México. Este joven de Igorre lleva también un año en el país norteamericano. En concreto, trabaja en una empresa de automóviles en Querétaro, a 200 kilómetros de la capital. A diferencia de Celaya, del DF, de la propia Acapulco o de las localidades del norte, que han experimentado un significativo aumento de la violencia en los últimos años, esta ciudad es «de las más seguras» del país y tiene «mucha vida».
Alberto trabaja seis días a la semana, pero sale mucho con los amigos y puede andar por la calle sin sentirse desprotegido. Nunca ha sufrido un asalto. Pero es consciente de donde está. «México es capaz de lo mejor y de lo peor. Su gente es maravillosa. Para mí es lo mejor que tiene el país, pero los propios mexicanos te advierten de que tengas cuidado. Sobre todo, cuando sales con el coche por la noche», explica Alberto. Para Alberto la experiencia mexicana, una aventura en la que cada vez se adentran más jóvenes españoles, está siendo muy gratificante, sobre todo porque él llegó con un contrato de trabajo que ayudó a hacer el aterrizaje «más fácil». Pero advierte que muchos de los problemas que se encuentran los extranjeros se deben, precisamente, a su desconocimiento del país. «Aquí hay zonas muy feas y hay que saber dónde no hay que meterse», incide.
Maite Bilbao México DF. 52 años
«Me atracaron a punta de pistola»
Maite nació en el país norteamericano hace 52 años, pero se siente «tan vasca como mexicana» porque sus padres y sus abuelos proceden de Eibar. Para ella el problema de la violencia en México, «un país en crecimiento», se debe fundamentalmente al narcotráfico, a las guerras entre bandas rivales y al hecho de que viven «cerca de Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del mundo». «Si no te adentras en ese ambiente no hay problemas. Pero si te metes, ya no hay salida. Hubo unos 'narcos' de Sinaloa que huyeron porque les querían matar. El día que volvieron, al cabo de 10 años, los mataron en la puerta de su casa. En ese mundo no hay perdón», ilustra. Maite recalca que México (180 millones de habitantes) es un país de «gente buena», pero que es tan grande -Euskadi cabe en el Estado de Hidalgo y toda España en el de Chihuahua- que hace imposible que no se sucedan episodios «puntuales de violencia» como el de Acapulco.
- ¿Pero nunca ha tenido un problema de seguridad?
- Bueno, un día me atracaron en un restaurante a punta de pistola. Aquí no se puede bajar la guardia. Pero estamos mejor de lo que dicen las noticias.

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