«La gente evita los malos rollos»

La presión social es muy elevada en Japón porque hablar de sentimientos o de problemas está mal visto. «Se les educa para ser duros y aguantar lo que se les eche», asegura Inko Elgezua. Muchas veces se sienten atrapados entre lo que les gustaría hacer y las normas sociales. «Les machacan mucho desde pequeños para que sean dependientes, se adapten al grupo y no sean diferentes. De hecho, ellos dicen: «el clavo que sobresale se lleva el martillazo». Tanta presión, a veces, les hace tener una actitud infantil para poder evadirse.

Ese carácter les hace ser muy considerados e intentan no molestar a nadie. «Evitan los malos rollos. Pero son muy resistentes frente a los problemas y las catástrofes. Como cuando el terremoto. En lugar de pasarse meses lamentándose por la desgracia, intentaron seguir para adelante».

Su actitud tan respetuosa les lleva a prestar un servicio fuera de lo normal en tiendas, restaurantes y demás servicios. El transporte es excelente y la limpieza, extrema. Pero si hay que quejarse de algo, él lo haría de los alquileres. «Son muy altos y, además, en pisos enanos».

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