Para él la «institución del matrimonio entre un hombre y una mujer es una cuestión de civilización» y argumenta que «nuestros políticos no pueden asumir la responsabilidad de redefinir las leyes inmemoriales de la naturaleza humana».
Además, el hijo de Carmen Martínez Bordiú se muestra contrario a la adopción por parte de parejas del mismo sexo, algo que plantea como ir «contra los derechos del niño». Por una parte, acepta que debemos «adaptarnos a la evolución de nuestra sociedad», pero deja claro que existen «principios inmutables que no pueden ser cuestionados». Para concluir, anima a los franceses a «servir de ejemplo a otras naciones».



