Empecemos por el final, la Némesis de Tom Cruise en 'Jack Reacher' vive en la piel de Werner Herzog, una elección -la del cineasta alemán ('Fitzcarraldo')- en la que se significan las virtudes más plausibles de un filme troquelado a la medida de su estrella. Adaptación de una novela que reivindica la aspereza pulp de los detectives hard-boiled en una era superpoblada de antihéroes propatria, 'Jack Reacher' reformula viejos mitos, como el de 'Shane', aliñándolos con un toque de violencia macarra al gusto de los lectores/espectadores de cine y literatura rápidas.
Intuyendo su potencial -en el que pesa el recuerdo inmediato del cowboy solitario de Nicolas Winding Refn-, McQuarrie ha diseñado una versión limada y perfeccionada del personaje escrito por Lee Child, sofisticando al máximo un metraje en el que los encuadres pictóricos congelan los ataques de nervio irreverente de la novela. A medio camino entre el episodio fundacional y un ejercicio con fuego real en el que McQuarrie testea las posibilidad de evolucionar el perfil de un actor que vive por encima de sus personajes -no olvidemos que el director es también el futuro albacea de la multimillonaria franquicia de Ethan Hunt-, 'Jack Reacher' deriva en una eficaz y cómoda sesión de microinyecciones de testosterona, de efecto inmediato y resultados perecederos.
El exceso de control, y la chirriante exhibición del librillo de ética cinematográfica en el que se inspira para rodar la primera escena, empañan un producto aseado que invade el territorio de la abstracción cuando entra en pantalla Werner Herzog, bien flanqueado por un Robert Duvall veterano de mil batallas. El concurso de Herzog da qué pensar, y engorda la lectura del 'Jack Reacher' literario con una nota metacinematográfica invaluable, pero hay poco más que rascar de un blockbuster, en tono menor, que abre un paréntesis a una serie de futuras adaptaciones. Otra victoria de Tom Cruise, que atraviesa 'Jack Reacher' sin sacrificar su imagen y en modo piloto automático.