El legendario director Cecil B. DeMille realizó en 1952 una preciosa película sobre el mundo del circo en general y del Ringling Bros. and Barnum& Bailey Circus en particular, titulada 'El mayor espectáculo del mundo'. Ahora, el 'titánico' productor James Cameron y el director de 'Shrek' Andrew Adamson nos ofrecen 'Cirque du Soleil: Mundos lejanos': Un compendio de algunos de los más fabulosos números circenses escenificados por esta famosa empresa del entretenimiento, nacida en Quebec (Canadá), alla por 1984. Desde entonces, millones de espectadores de todo el mundo han acudido a sus espectáculos, convertidos desde hace tiempo en experiencias estéticas de primer orden.
«¡Pan y circo!», exigía a gritos el poeta latino Juvenal, con lo cual se demuestra que ya desde los tiempos de la antigua Roma el circo era considerado como algo indispensable para el disfrute -y tal vez la supervivencia- del pueblo llano. No me refiero a las barbaridades perpetradas por algunos emperadores en el coliseo romano, sino al circo artístico y a menudo itinerante, el ejecutado por trapecistas, saltimbanquis, payasos, acróbatas, magos y otras gentes de buen vivir, capaces de reunir bajo su ilusionante carpa a espectadores de toda condición.
Magia, virtuosismo técnico y capacidad de sorpresa son las bazas que juega a fondo la película del tándem Cameron/Adamson, a partir de tres elementos fundamentales: aire, agua y fuego. Asimismo, la nostalgia bien entendida, lo musical sin fronteras y la capacidad de ensoñación hacen acto de presencia de forma muy gratificante, sobre todo en lo tocante al homenaje que se rinde a los Beatles. Desde luego, canciones tan celebradas como 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band' o 'Magical Mystery Tour' resultan que ni pintadas para ser reinventadas por los creadores más imaginativos del Circo del Sol. Quizás al documental le falte una hilazón mejor trabada entre los distintos números. Pero, en cualquier caso, el espectáculo debe continuar...