La extrema dureza de la película anterior de Susanne Bier, 'En un mundo mejor', deja paso ahora a una comedia romántica tan inofensiva como 'Amor es todo lo que necesitas', que habla con un desmañado sentido del humor de amoríos otoñales, protagonizados por el veterano Pierce Brosnan, un alto ejecutivo británico cuya empresa se localiza en Dinamarca, y una mujer danesa enferma de cáncer. ¿El pretexto?, la próxima boda de sus hijos en Italia, a la que acuden dispuestos a cultivar una bonita amistad. Lo que sucede a continuación no puede ser más previsible y almibarado, enmarcado, eso sí, en la bella costa amalfitana, que sirve para decorar la trillada anécdota con espectaculares tarjetas postales.
A lo que parece la película tiene carácter autobiográfico, en relación con la propia familia de la directora, sin que ello suponga nada a favor o en contra de la cinta, resuelta de forma aseada pero superficial, sin que en ningún momento la verdadera emoción acompañe el discurrir de sus relamidas imágenes. Así que el hecho cierto es que no hay aquí ninguna sorpresa, quizás por culpa de la rutinaria planificación y el tedioso montaje, que recurre al plano contraplano como solución más fácil y acomodaticia.
Tampoco es de recibo el dramático recurso a la enfermedad de la protagonista (encarnada de manera chispeante por esa excelente actriz que es la desconocida por estos pagos Trine Dyrholm), mientras que el curtido en mil batallas cinematográficas Pierce Brosnan se limita a poner el 'careto' y poco más. Así que todo este cuento al agua de rosas se pierde en una realización convencional, que no está a la altura de lo que se esperaba de una cineasta tan exigente como Susanne Bier. Por si fuera poco, las alusiones a las tiernas relaciones amorosas en la edad madura carecen de originalidad. En ese sentido, los protagonistas de 'Amor es todo lo que necesitas' ignoran que el amor es una comedia en la cual los actos son muy cortos y los entreactos muy largos.