El día después de la consecución de su sexta 'txapela' en el torneo del Cuatro y Medio, Aimar Olaizola estaba «contento, pero un poco cansado». Más que del esfuerzo que supuso el duelo decisivo frente a Oinatz Bengoetxea, «de la tensión que rodea a una final», reconoció. Celebró el triunfo con sus familiares, amigos y vecinos de Goizueta en una sidrería de Astigarraga, pero fue bastante prudente a la hora de la retirada. «Estuvimos unas 120 personas y el ambiente fue bonito», añadió.
Ahora quiere desconectar un poco. Han sido bastantes días intensos y «mentalmente necesitó un descanso», señaló. A pesar de ser el mejor pelotari de todos los tiempos en el acotado, el de Goizueta no le quiere dar mayor relevancia. «Eso lo tienen que decir otros. Yo siempre intento dar lo mejor que tengo. Es una distancia que me gusta y seguiré trabajando igual», apuntó. Lleva seis títulos, «algo que nunca se me había pasado por la cabeza. Cuando debutas siempre piensas en ganar uno, pero lo ves muy lejos. No es nada fácil y he tenido suerte», manifestó.
No se acostumbra
A sus 33 años, el navarro tampoco sabe dónde puede estar su techo. Cada torneo lo afronta «con la misma ilusión que si no llevara trofeo alguno. Es muy importante. Uno nunca se acostumbra a ganar 'txapelas', y mi objetivo es ir a por ellas en todos los campeonatos», recalcó. Desde su punto de vista, la ilusión es una de las claves para llegar a donde ha llegado, además de otras circunstancias. «Si empiezo un torneo pensando que ya lo he ganado, estoy seguro que no llegaré arriba. Para estar a este nivel hay que ser ambicioso y salir en cada partido con muchas ganas», destacó.
Ha cerrado el torneo de la 'jaula' sin conocer la derrota y con un nivel de juego muy importante. «Ha sido un campeonato perfecto. He disputado buenos partidos y he terminado a gusto», apuntó. Sin embargo, en el frontón Ogueta de Vitoria no vio el partido ganado hasta que llegó al cartón 22. No se fiaba de su rival. «Es cierto que el 13-0 inicial fue clave mentalmente, porque juegas más suelto y con más confianza, y en el rival surte el efecto contrario, pero enfrente tenía un pelotari muy peligroso que todavía podía reaccionar», concluyó.