«Tuve el tiempo justo de coger a mi mujer y mi hija y salvarnos»

La intensa humareda impidió el desalojo de la mayoría de los vecinos tras el incendio de un primer piso en un edificio de Arrigorriaga

JOSÉ DOMÍNGUEZARRIGORRIAGA.

Javid Iqbal era ayer un manojo de nervios. Por un lado comprobaba atónito cómo un incendio le había dejado sin casa y tendría que pasar la noche en un hotel gracias a la ayuda del Ayuntamiento. Por otro, reconocía que su familia había logrado salvar la vida «por los pelos». «Tuve el tiempo justo de coger a mi mujer y a mi hija y salvarnos», relataba.

La familia, de origen paquistaní, reside en el primer piso del número 32 del paseo Urgoiti de Arrigorriaga. Son seis en casa, pero en torno a las cinco de la tarde solo tres se encontraban dentro, en el salón. Javid, su mujer y una hija. Mientras veían la televisión, la pequeña se levantó y fue a una de las tres habitaciones de la vivienda. Regresó gritando.

«Hay fuego, hay fuego». Su padre apenas tuvo tiempo de abrir la puerta, ver un armario incendiado y las llamas que salían ya al pasillo. «Todo se llenó de un humo muy negro y no pudimos hacer nada, nada», se lamentaba.

Hasta la zona se desplazaron dos bombas, dos autoescalas de los Bomberos, vehículos de la Ertzaintza y de la Policía Local e incluso una ambulancia medicalizada. Tras un primer análisis de la situación, los profesionales en la extinción de incendios consideraron aconsejable desalojar, pero se encontraron con un grave problema. La ingente cantidad de humo que ya se había extendido por el interior del edificio, de cinco alturas, impedía evacuar a los pisos altos. Según los propios vecinos, «aquí vivimos 21 familias, pero calculamos que apenas tres o cuatro pudieron salir a la calle».

«Encerrados en el balcón»

«Ha sido muy angustioso porque hemos pasado casi una hora encerrados en el balcón con nuestros hijos», reconocía una residente del tercer piso. Según explicó, los efectivos de emergencias les ordenaron cerrar todas las persianas, pero ya era tarde. La humareda había invadido los pisos hasta hacerlos totalmente irrespirables. «Tuvimos que aislarnos en las terrazas para evitar que el hollín saliera desde dentro», subrayó otra vecina.

57 minutos después de que se declarase el incendio, los Bomberos lo daban por controlado y permitían de nuevo la apertura de las puertas. Las familias se apresuraron a airear sus viviendas y empezaron a respirar tranquilas. Todo se había resuelto sin heridos.

En la calle, sin embargo, Javid Iqbal rumiaba su mala fortuna. Reside en este domicilio de alquiler y no sabe «qué va a ser de mi familia ahora». Al menos una habitación ha quedado calcinada y los daños en el resto del inmueble «son muy grandes». Cuando se localice el origen de las llamas, «que podría ser un cortocircuito o vete a saber», entrarán en juego los seguros y el propietario podrá acometer las reparaciones necesarias. Pero su familia, insiste, necesita un techo de forma inmediata. «Y no solo para unas noches».

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