«No lo podemos creer», dice la familia

BEATRIZ CORRALARAIA.

«No lo podemos creer. Estamos todos muy mal. ¿Quién puede imaginarse una cosa así si el sábado estuvieron en Logroño viendo a Raphael en un concierto. Y para mañana (por hoy) habían quedado conmigo para llevarme a Vitoria. Es terrible». Dori, una prima de Teresa, sube con enorme tristeza e impotencia la cuesta que conduce al domicilio donde ha ocurrido la tragedia. Lleva barras de pan para preparar algo de comer a una numerosa familia destrozada que llora su pena en el chalé contiguo y que prefiere evitar a los numerosos medios de comunicación que se han acercado a la localidad de Araia.

La misma incredulidad se repite en todos los testimonios recogidos entre el vecindario. Según el Departamento de Interior, la fallecida nunca había denunciado a su marido por malos tratos y en el pueblo nadie sospechaba que algo así pudiera ocurrir. En medio del dolor de la tragedia, el exdiputado general de Álava, Félix Ormazabal -que vive en una casa muy cercana a la Teresa y Jesús-, subraya que «era un matrimonio que se llevaba bien y nada hacía presagiar tensiones de ningún tipo. Siempre estaban juntos. El era majo y amable y muy cordial».

«Es que en este pueblo nadie puede dar crédito a lo que ha pasado porque era la típica pareja que no tenía problemas. Desde que se jubilaron se integraron en la vida de Araia», añade Agustina, otra vecina que conocía bien al matrimonio. También Kepa, voluntario de la DYA que se había encontrado muchas veces en el monte con la pareja, subraya el carácter afable de ambos. «Me decían que qué sería de ellos si los voluntarios de la DYA no nos preocupáramos de los rescates».

Aunque el comentario es casi imperceptible, uno de los vecinos reconocía que había visto «triste» a Jesús y que su carácter era «raro» últimamente.

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