El propio Alfred Hitchcock estaría encantado de acudir en otoño a Santurtzi para volver a rodar su película 'Los pájaros'. Lo tendría fácil con las bandadas de estorninos que todos los años, con la caída de las hojas, anidan en el parque central y en terrenos del colegio Patronato Santa Eulalia. Por eso, una vez más, el Ayuntamiento ha contratado a una empresa especializada para que los ahuyente con diversas técnicas, que incluyen la suelta controlada de aves de presa. Durante un mes, los cielos de la localidad marinera se convertirán en el escenario de una particular batalla entre el hombre y esta especie para evitar que, con sus deposiciones, acabe alejando a las personas que quieren disfrutar de este entorno urbano de esparcimiento.
«Lo llenan todo de porquería, sobre todo al atardecer, que es cuando vienen aquí». Así describía un usuario del parque la situación que se crea cuando los estorninos regresan al caer el sol atraídos por la seguridad de que van a dormir sin depredadores naturales y con temperaturas más suaves cerca del mar. Copas de árboles y antenas de televisión son sus lugares favoritos para permanecer hasta que, con el amanecer, emprenden de nuevo el vuelo a los terrenos naturales del interior de Bizkaia, donde se alimentan. El recuerdo de su visita son excrementos muy ácidos que hacen que por algunas zonas del frondoso parque «no se pueda ni pasar».
Por eso, desde hace un lustro, el Ayuntamiento de Santurtzi despliega un dispositivo especial para asustarlas. Como subrayó ayer el concejal de Obras y Servicios, Lezo Urreiztieta, «se trata de una actuación que se debe llevar a cabo una vez que se detecta la presencia de un gran número de aves, por lo que en las próximas semanas se repetirán las acciones para espantarlas».
Como tiros de escopeta
Al frente del operativo están Julen Zubergoitia y su equipo de cinco personas de la empresa Euskal Falcon, que, con silbatos, trompetas, alarmas e incluso la reproducción del sonido de bandadas de estorninos, intentan que las pájaros levanten vuelo. Pero sus dos elementos más espectaculares son un cañón neumático que, en ciclos de cinco minutos, dispara un estruendoso estampido, «similar a dos tiros juntos de escopeta», y sus dos águilas de Harris, las que finalmente disuaden a los pequeños pajarillos de pasar la noche en su compañía.
Ander Cenizo, su cuidador y cetrero, cuenta que las rapaces enseguida logran que los estorninos abandonen la morada por la que merodean. «Así ven que no es un lugar seguro para dormir», comentaba ayer mientras llevaba en su guante una de las aves de gran alzada.