Nueva entrega policíaca con las investigaciones criminales del detective Alex Cross encarnado en esta ocasión de forma anodina por Tyler Perry, incapaz de camelar al espectador con la caza sin cuartel emprendida contra un maníaco asesino, interpretado de forma truculenta por Matthew Fox. En primer lugar, 'En la mente del asesino' carga con todos los defectos de la novela en que se basa, que son los inevitables de un 'whodunit' más o menos previsible -en este caso más-, por mucho que la intriga se esfuerce por enmarañarse, su supuesta complejidad resulta superflua en grado superlativo, puesto que no esconde demasiados secretos para cualquier espectador mínimamente iniciado en los clichés de este tipo de productos.
Quizás, el hecho de que al final el embrollo se vuelva de algún modo personal, en una especie de juego del gato y el ratón entre el policía y el criminal, puede suponer algún punto de originalidad a un producto sombrío, violento y más pesado que un tanque. Así que, metido en corral ajeno, el director Rob Cohen ('Stealth, la amenaza invisible') se ha dedicado a hacer un 'thriller' trufado de tópicos, un 'giallo-thriller' que avergonzaría a Darío Argento, una estrambótica cinta policíaca de atmósfera lúgubre, decepcionante en todas sus propuestas.
A base de planos efectistas no se hace una película, sino que exige introducirse de alguna manera en la mente del psicópata, indagar en las atrocidades cometidas por un individuo enfermo, en las maquinaciones que impulsan sus espantosos asesinatos. Un salto al vacío que exigía un guión más ambicioso, dotado de una superior tensión psicológica y, por supuesto, una mayor capacidad de sorpresa. Curiosamente, el título español, 'En la mente del asesino', predisponía a ello, cuando el título original es, simplemente, 'Alex Cross'. Sea como sea, parece como si su máximo responsable esté satisfecho con el resultado, ya que en algunas entrevistas se muestra más contento y feliz que un perro con dos colas.