Un sensible profesor (en excelente interpretación de Fabrice Luchini) y su joven alumno (un muy convincente Ernst Umhauer), del instituto francés Gustave Flaubert, en París, son los protagonistas de 'En la casa': exquisita comedia agridulce del cineasta galo François Ozon, que habla de la cultura, de la educación y del irrenunciable amor a las palabras con tanta sensibilidad como elegancia. Al tiempo, se hace hincapié en el desarrollo del espíritu crítico, desde el momento en que el alumno escribe y el profesor corrige, con lo cual ficción y realidad se entremezclan en un relato tan ingenioso como disfrutable.
Motivado por su maestro cinematográfico Eric Rohmer ('Mi noche con Maud'), el realizador François Ozon sabe sacar el exigible partido a los momentos intimistas, a las miradas furtivas y a una ambigüedad notoria. Realizado todo ello mediante una cámara serena y un malévolo sentido del humor, conforme adquiere complejidad y emoción el discurrir de la historia, que incluye un cierto suspense a lo Hitchcock -salvando las siderales distancias-, en relación con los dos personajes femeninos, encarnados con la exigible ironía por dos mujeres bandera: Kristin Scott Thomas y Emmanuelle Seigner.
Realzada por un modo sutil de presentar a los peculiares personajes, 'En la casa' es una nueva válvula de oxígeno que nos mantiene activamente vivos, con el corazón en estado de gracia. Así, Ozon puede muy bien ser el Woody Allen europeo. Se trata, en fin, de una comedia discretamente transgresora, que puede servir a los hombres para comprender un poco mejor a las mujeres y que éstas reconozcan algunos de sus propios fantasmas. Y qué decir de la manera en que estéticamente nos transmite esta historia de amor y desazón. Aplaudir, sencillamente, su escenografía y el tono justo de sus intérpretes. Sin olvidar que la buena educación consiste en ocultar lo mucho bueno que pensamos de nosotros y lo poco bueno que pensamos de los demás.