Si la temporada pasada 'Drive' se convirtió en el mejor 'thriller' del año, en la presente, 'Looper' ('Bucle') tiene todas las papeletas para hacerse con tan prestigioso título. Porque estamos ante un original 'thriller' con ribetes fantásticos, ambientado en el año 2042, que se transporta al 2072 por medio de un viaje en el tiempo utilizado por gángsters futuristas para ejecutar a sus enemigos. El giro de 180 grados que propicia este insólito punto de partida es lo que proporciona densidad y suspense a una trama compleja y enigmática, filmada con pulso firme por el recién llegado Rian Johnson que, por si fuera poco, sabe sacar el exigible partido a un montaje vertiginoso y al duelo interpretativo entre Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt.
El sociólogo Barash evocaba en su momento la conocida fábula de Esopo -según la cual una liebre perdió una carrera contra una tortuga por despilfarrar alocadamente su tiempo- para ilustrar el conflicto entre la naturaleza del hombre, que es evolución y cambia lentamente, y su cultura, que cambia con el vertiginoso ritmo de la técnica. A lomos de este incongruente par de animales, la tortuga evolutiva y la liebre tecnológica, está condenado el ser humano a caminar hacia el progreso... o la hecatombe.
De igual modo, 'Looper' atesora potentes referencias al paso del tiempo, a la recesión económica mundial, a una naturaleza marchita y a un futuro preocupante, al tiempo que se inspira en el poeta William Wordsworth en relación con la ensoñación de la infancia, en cuanto que: «El niño es el padre del hombre». Y lo hace con la brida de su talento bien a punto, puesto que elude los tópicos en su exposición, renuncia a las aburridas explicaciones psicológicas y se dedica a contemplar de forma objetiva la deriva aterradora, la locura progresiva de una civilización en franca decadencia ética, moral. Ambiciosa película, en suma, de la que se puede extraer la siguiente enseñanza: «No hay trampa tan mortífera como la que uno se tiende a sí mismo».