Con 'El fraude' estamos ante un 'thriller' sobre la corrupción galopante en el mundo de las altas finanzas, interpretado por un Richard Gere en plena forma. El popular astro se convierte aquí en un poderoso magnate neoyorquino, un sujeto acanallado que, por culpa de una relación adúltera que termina en tragedia, se ve abocado a un callejón sin salida. De ahí que la corrupción sentimental también forma parte de la trama, en la que interviene asimismo la esposa del guindalera, encarnada con sobria eficacia por la siempre elegante Susan Sarandon. Una mujer que aún tiene la astucia de guardarse para sí misma la última carta. Todo lo cual da paso a una entretenida trama, 'ópera prima' del joven escritor Nicholas Jarecki.
El resto es un sombrío desfile de personajes avariciosos, enmarcados en ambientes casi siempre lujosos, por los que deambulan con su incontinente afán de medrar cueste lo que cueste. De ahí que un título tan oportuno como 'El fraude' guarde estrecha relación con algunas de las situaciones actuales en el mundo de los negocios, de la economía a escala planetaria, manipulada por individuos tramposos, dispuestos a las mayores canalladas.
Las ventajas de la prosperidad deben utilizarse para reparar anteriores o posteriores desequilibrios y crear garantías contra las dificultades futuras. Curiosamente, una política tan drástica como Margaret Thatcher afirmó en su momento de máxima influencia: «La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de los que han ahorrado». En fin, un saco vacío se mantiene muy difícilmente en pie. Es precisamente lo que sucede ahora mismo en muchas familias y en algunas naciones, incluida la nuestra, prácticamente en bancarrota. Son reflexiones que surgen al hilo de un filme que logra dar un tono nuevo a viejos tópicos economicistas, a base de pinceladas superficiales, pero considerables, que conforman una imagen certera y no precisamente complaciente de la sociedad que retrata.