No va más, Paul W.S. Anderson ha roto a golpes su juguete preferido. Las costuras de la saga que llena la cuenta corriente de Milla Jovovich cada dos años y medio no han soportado el último corte y estirón de un libreto que en su última entrega canibaliza los restos de los cuatro capítulos anteriores, sabedor como es su director de que toda la línea temporal de la serie se supedita a la última imagen reconocible de su superheroína.
Los espectadores que hayan seguido paso a paso la batalla de Alice vs. la Corporación Umbrella volverán a sorprenderse con los twist visuales de los que es capaz un director que retuerce las imágenes para exprimir hasta la última gota de savia poética, sin importarle la continuidad de un guión que es menos que un simple apunte al pie de página de las viñetas del storyboard. Ahora bien, que los neófitos vayan preparándose para dar vueltas en una lavadora que abunda en los guiños autorreferenciales y las citas con ecos paródicos. Para compensar, Anderson se sobra con un 'en capítulos anteriores' que sin duda es lo mejor de la película, porque a partir del minuto diez la cámara y Jovovich se lanzan a tumba abierta por un carrusel de secuencias cinemáticas que compiten en espectacularidad y vacío de contenido.
Lo grotesco es comprobar que el director de 'Horizonte final' (1997) le encuentra sentido a una hipérbole que da pie a un final con puntos suspensivos, como si en la hora y medio anterior hubiese trabajado la progresión narrativa. La evidencia parece incontestable: es imposible recrear la experiencia autónoma del usuario de videojuegos en una pantalla de cine, y pese a todo ambas industrias del entretenimiento siguen empeñadas en trazar vasos comunicantes que suelen dar lugar a abominaciones como 'Resident evil'. Habrá quien disfrute con el último pack de acrobacias de una Milla Jovovich con perfil de señora cansada de sí misma, pero ya va siendo hora de echar el cierre a una serie que sigue dando tumbos sin ningún sentido.