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Colillas asesinas en Girona

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Colillas asesinas en Girona

24.07.12 - 02:17 -
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La huída hacia el mar. Imágenes de pánico en Portbou.
Un gesto estúpido, arrojar una colilla desde la ventanilla del vehículo, puede convertirse en un arma letal que cause una gran devastación y una tragedia. Eso es lo que pasó el domingo con los dos incendios que se declararon en Girona, que acabaron de forma dramática con miles de hectáreas arrasadas y la muerte de cuatro personas. Como más del 20% de los fuegos forestales, los dos colosos en llamas, el de La Jonquera y el de Portbou, ambos en la zona ampurdanesa, tuvieron como causa la acción imprudente y negligente del hombre. El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, abogó por endurecer las penas previstas en el Cógido Penal para estos casos, además de crear un grupo de trabajo entre países mediterráneos para luchar contra este tipo de catástrofes.
El mayor incendio de los dos, el que anoche había arrasado cerca de 14.000 hectáreas (y sumando) en un perímetro de 70 kilómetros entre la frontera francesa y Figueras, comenzó en un aparcamiento de camiones en La Jonquera. Una colilla prendió la mecha y La Tramuntana hizo el resto. Con vientos superiores a los 90 kilómetros por hora, el fuego avanzó durante dos días de forma descontrolada y causó el incendio forestal más importante en tres décadas en la zona del Alto Ampurdán gerundense. En este suceso perdieron la vida dos personas. Una de ellas, un hombre de 75 años, murió el domingo tras sufrir un infarto en su casa de Llers (Girona). La otra víctima, un francés de 64 años, falleció ayer en el hospital Vall d'Hebron, donde se encontraba ingresado en estado «muy crítico» con el 80% de su cuerpo quemado después de haber intentado apagar el fuego con sus propios medios.
Según el Gobierno catalán, la zona oriental del incendio empezaba a estar controlada a media tarde de ayer, aunque lo que más preocupaba era el flanco occidental, ante el temor de que se pudiera extender al área de la Garrocha. A última hora de la tarde, el conseller de Interior, Felip Puig, informó que la meteorología prevista para la noche era «positiva», con aumento de la humedad, descenso de temperaturas y ausencia de viento. Con estos cambios, Puig se mostró «optimista» sobre la posibilidad que los bomberos puedan frenar hoy el fuego. Cerca de mil quinientas personas trabajan en las tareas de extinción, con 32 aviones, incluyendo medio millar de bomberos de la Generalitat catalana, unos 200 de Francia, otros 200 miembros de la Unidad Militar de Emergencias y un grupo de voluntarios. El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, desplazado a la zona, ofreció a la Generalitat más efectivos aéreos o terrestres. «Si hacen falta más, estarán a la disposición en seguida», dijo. El ministro, que retrasó un viaje a Chipre, donde se reúnen los titulares de Interior de la UE, anunció que el Gobierno endurecerá las penas por imprudencia con resultado de muerte.
El otro incendio, el de Portbou, en el que se quemaron unas 50 hectáreas, entró en fase de control el mismo domingo por la noche. Ese fuego también lo provocó una colilla lanzada a la carretera desde un coche. Y, a pesar de que el incendio de la costa fue mucho menos devastador que el del interior, fue igual de trágico: dos víctimas mortales. En este caso un padre de 60 años y su hija de 15, ambos ciudadanos franceses que, como cientos de conductores, se vieron atrapados por las llamas mientras circulaban por la N-260 en dirección a Francia.
Uno de los que pudieron salvar la vida relató que en un abrir y cerrar los ojos la Policía les paró y les dijo que retrocedieran. Pero el fuego avanzó tan rápido que llegó hasta ellos y la gente no tuvo otro remedio que salir del coche y empezar a correr barranco abajo. Decenas de ellos tomaron un camino correcto y pudieron llegar al mar o hasta el núcleo urbano de Portbou. Pero otro grupo erró la dirección y corrió en la misma dirección que el viento, con la mala suerte que aparecieron en lo alto de un acantilado de unos diez metros de altura. Llevaban el fuego a sus espaldas y saltaron. Así perdieron la vida el padre y su hija, tras precipitarse sobre las rocas y no sobre el mar. Otras 30 personas resultaron heridas en las caídas, entre ellas la mujer y dos hijas del hombre fallecido. Ayer, doce personas continuaban ingresadas, siete a consecuencia del fuego de Portbou y cinco por el de La Jonquera, tres de ellos graves.
También en Las Hurdes
El temor a que el fuego pudiera acercarse obligó a evacuar a unos 800 niños que estaban de acampada y casas de colonias en diferentes masías y zonas del Alto Ampurdán. La mayoría de los pequeños fueron trasladados a centros cívicos de poblaciones cercanas, entre ellas Figueras, cuyo polideportivo acogió a unas 2.000 personas, la mayoría de ellas turistas, que quedaron atrapadas por las llamas. Y es que éstas fueron tan virulentas que ayer el olor podía percibirse, por ejemplo, en zonas tan lejanas del punto del incendio como Barcelona o Menorca.
Ayer mismo, la comarca cacereña de Las Hurdes volvió a ser pasto de las llamas. Todo comenzó sobre las 10 horas en el término municipal de Cambroncino, en un paraje conocido como 'Los pajaritos' al este de la comarca, desde donde el fuego se fue extendiendo por la mañana hacia Cambrón, al oeste, y por la tarde hacia el Cerezal, en el norte. En total, unos tres kilómetros de frente, estabilizado anoche, que obligó a desalojar a decenas de personas.
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Las 500 ovejas de un rebaño resultaron calcinadas por el fuego del Alto Ampurdán cuando su dueño trataba de evacuarlas. :: REUTERS
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