Plentzia quintuplica su bodega marina

El laboratorio de envejecimiento de bebidas incorpora ocho módulos con capacidad para producir 8.800 botellas de vino

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNAPLENTZIA.
La complicada operación de inmersión de los contenedores exigió el empleo de grandes flotadores para trasladarlos al punto exacto en el exterior del Muelle de San Valentín. ::
                         FOTOS: MITXEL ATRIO/
La complicada operación de inmersión de los contenedores exigió el empleo de grandes flotadores para trasladarlos al punto exacto en el exterior del Muelle de San Valentín. :: FOTOS: MITXEL ATRIO

La bodega submarina de Plentzia multiplicará sus instalaciones por cinco con la inmersión de ocho nuevos módulos para el envejecimiento y control de los caldos sometidos a los caprichos de las mareas. Estos depósitos se sumarán a los dos con los que comenzó este pionero proyecto y que quedarán exclusivamente destinados a tareas de investigación, como Laboratorio Submarino de Bebidas (LSB).

La ampliación tiene como objetivo crear la primera cosecha destinada íntegramente a la comercialización, incrementando su producción hasta las 8.800 botellas, que estarán listas a finales de año. Esta cifra supone multiplicar por ocho la capacidad inicial, cuando diversas Denominaciones de Origen sumergieron un millar de caldos a 16 metros de profundidad en la parte exterior del muelle de San Valentín para conocer su evolución a lo largo de un año.

La espectacular operación de inmersión de cuatro de los módulos fue seguida ayer con atención por numerosos curiosos desde el puerto. La embarcación 'Manchado' trasladó los depósitos sustentados por flotadores gigantes hasta alta mar. En el punto elegido para sumergirlos esperaba un equipo de buzos que desinflaron los hinchables para facilitar el hundimiento progresivo de las infraestructuras de hormigón. Todo ello en hora y media y bajo la supervisión de los técnicos de la empresa concesionaria para evitar contratiempos.

La ampliación de instalaciones se ha visto condicionada en gran medida por la buena aceptación internacional de estos vinos. «Hemos apostado por una primera producción propia íntegramente destinada a su comercialización», explicó el gerente de Bajoelagua Factory, Borja Saracho. Lo cierto es que los caldos han suscitado el interés de mercados tan exóticos como el chino o el ruso, donde ya se han alcanzado acuerdos con importantes distribuidores. También han mostrado su interés comercializadores de la Unión Europea, americanos y asiáticos, con los que se confía en «cerrar acuerdos en los próximos meses».

Hasta 200 euros por botella

El enólogo y director técnico del proyecto, Txema García, señaló que el tinto mecido por las mareas contará con «una personalidad totalmente distinta» al madurado en tierra. Para ello, han adquirido un vino sometido a exclusivos procesos en unas instalaciones propias bajo el máximo secreto antes de culminar su maduración en el fondo del Cantábrico. El resultado final estará reservado a un público muy exclusivo y capaz de abonar entre 100 y 200 euros por botella. En función de la demanda, la bodega podrá ampliar su producción hasta las 80.000 botellas en un futuro, hasta ocupar una franja marina de 500 metros cuadrados, límite de la concesión de una explotación única en el planeta.

Al margen del aspecto empresarial, los nuevos módulos cumplirán otra importante faceta en la recuperación medioambiental de la fauna y flora marina de la zona. Consolidarán el arrecife artificial generado en los depósitos iniciales. La bióloga Ana Riera destacó que las nuevas estructuras cuentan con cavidades de diferente tamaño y material para «saber cuál ayuda más a colonizar». La bodega submarina es ya el hogar de especies como estrellas de mar, nécoras, esponjas, fanecas, quisquillas o jureles jóvenes.

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