«Si tardamos cinco minutos más en llegar, se hubiera quemado entera», relataba José Ramón Angulo. Él fue uno de los vecinos que ayudó a sofocar el incendio desatado ayer en la casa del indiano Justo López de Arriola, un edificio de gran valor patrimonial situado en el barrio carranzano de San Esteban y que pudo haber sido consumido por las llamas de no intervenir un grupo de voluntarios residentes en la zona.
La densa niebla que envolvía la localidad encartada al amanecer impidió a los vecinos contener el avance de las llamas con más rapidez. Eran ya casi las diez de la mañana cuando los dueños de la casa se percataron de la existencia de enormes llamaradas que empezaban a devorar su tejado. El matrimonio López Elgueta, que se encontraba en ese momento durmiendo con algunos de sus hijos en la planta baja, no tardó en salir a la calle y pedir auxilio.
En un logrado esfuerzo de organización, varios carranzanos -entre los que se encontraba un bombero profesional del Ayuntamiento de Bilbao- consiguieron minimizar los efectos del siniestro empapando el interior de la casa de agua para que el fuego no se extendiera a los niveles inferiores. Media hora después, tres unidades de Bomberos de Balmaseda, equipados con escalas, lograron atajar el incendio en la cubierta del inmueble. Un cuarto camión, procedente del parque de Urioste, en Ortuella, llegaba minutos más tarde para ayudar en las labores de extinción.
El pueblo entero se volcó con el desafortunado incidente. Los que no se dedicaban a apagar el fuego, ofrecían su apoyo a los afectados, todavía en estado de 'shock'. «Estaban muy disgustados -comentaba una de las residentes que estuvo a su lado-, pero también aliviados porque podría haber sido algo mucho más gordo si no lo hubiéramos pillado a tiempo», añadía.
Aunque la Ertzaintza todavía investiga las causas del incendio, se baraja la hipótesis de que se originara por una «grieta» en el tubo de la chimenea. Según esta teoría, el agujero habría provocado una fuga de calor al exterior, desatando el fuego en cuestión de minutos.
«Semana negra»
El inmueble que ardió ayer es conocido en Carranza como la casa de Justo López Arriola. Obra del arquitecto cántabro Valentín Lavín del Noval, data de principios del siglo XX. «Llevamos una semana negra», reconoció la historiadora local y exconcejala de Cultura, Garbiñe Aja, tras conocer el incendio. La experta recordó que hace sólo tres días un grupo de ladrones robó una escultura de bronce de casi dos metros de altura y 100 kilos de peso a plena luz del día. «Nos hemos quedado sin una obra tasada en más de 300.000 euros. Y ahora, esto», se lamentaba Aja.