Cuerpo a cuerpo

JOSU EGUREN
Cuerpo a cuerpo

Con olor a papel, imprenta y tinta fresca, y preso de una maquetación inspirada por el 'manwha', aterriza en España 'Un hombre sin pasado', segundo largometraje de Lee Jeong-beom, un director que -atento a la lógica comercial- vuelve a explorar una de las temáticas favoritas del cine coreano: la venganza.

Apadrinada por el éxito patrio de 'Mother', 'The Chaser' y 'I saw the devil', 'Un hombre sin pasado' se apoltrona en una dinámica previsible torpeada por situaciones tópicas en un calculadísimo esfuerzo por trascender los límites del mercado asiático (en el que ha arrasado) y expresarse en un lenguaje inteligible por el espectador occidental. Y el resultado es profundamente decepcionante, porque es evidente que a Lee Jeong-beom le sobra talento para la composición de planos secuencia poéticos en los que las salpicaduras de sangre riman con adjetivos de violencia extrema y miembros amputados. Impelido por el fantasma de 'Crying Freeman', pero sin el punto de sana y sorda conciencia paródica de 'Venganza', el hombre X de Jeong-beom se autodefine como derivación emo y lánguida de Oh Daesu (el protagonista de la magistral 'Oldboy'), aunque en el retrato marginal de la Corea noir por la que se precipita a cuchillo no es posible encontrar ni un átomo de la crítica post humorística que derrochan cineastas como Bong Joon-ho y Park Chan-wook.

Sin lugar a dudas, todos los problemas de 'Un hombre sin pasado' los arrastra el guión, hueco de ideas y torpe a la hora administrar pausas, porque apenas invierte unas pocas líneas en describir la atmósfera que asfixia a unos personajes intimidados por la posibilidad de un contacto emocional, una mala herencia que condena el intento de Lee Jeong-beom de trascender hacia el género dramático cuando la película carbura ligera de octanaje. No obstante, Lee Jeong-beom es desde ya un nombre a seguir por los asianófilos amantes de 'thriller' apasionados por el naturalismo salvaje de Caravaggio.

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