Déjalos crecer

JOSU EGUREN
Déjalos crecer

Perplejidad y admiración, ambas. No caben mejores palabras para describir el desempeño de los productores ejecutivos de 'El pez de los deseos', un largometraje de animación hispano-indio que debe parte de su financiación a los fondos del FROM por -agárrate, otra vez- «mejorar la percepción de la infancia ante el consumo de pescado».

Dado que es imposible discernir hasta qué punto condiciona este pequeño vaivén de la producción la idea escrita por Luis Sánchez-Polack (sobrino) y Ángel E. Pariente, vamos a suponer que 'El pez de los deseos' ('The Wish Fish' si lo prefieren) no nació lastrada por el acento didacticista que atufa un buen puñado de largometrajes diseñados para servir como macrospots de campañas oficiales, y vamos a soñar con la idea de que todo el proyecto va encaminado a triunfar, si no en taquilla (algo prácticamente imposible para una película de la que se han distribuido 29 copias), sí en la carrera de las plataformas televisivas y las ventas internacionales; es mucho suponer, dirán, pero en esa tarea se aplican Gorka Vázquez e Iván Oneka, planificadores de una cinta pensada en esta tierra y manufacturada a miles de kilómetros, esta vez en la India, como ocurre con tantas y tantas películas españolas, algunas incluso presentes en los Oscar.

En poco menos de 70 minutos, y bordeando la calificación del mediometraje, Gorka Vázquez e Iván Oneka nos enfrentan a Opil, un niño caprichoso, también repelente, que en un acto de sinceridad infantil formula el deseo de que los alienígenas conquisten la Tierra. Narrada desde la perspectiva de espectador, un adulto que lejos de ponerse en el lugar de un sujeto menor opta por infantilizar la voz y la mirada (hay tanto que aprender de los 'Invasores de Marte' de William Cameron Menzies), 'El pez de los deseos' se deja ver como lo haría cualquier modesta serie de dibujos animados de gama media cazada al vuelo en una tarde de zapping.

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