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Muertos... de miedo

CRÍTICA DE CINE

Muertos... de miedo

01.05.12 - 02:28 -
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Con influencias de 'Los otros', de Alejandro Amenábar, o 'La mujer de negro', de James Watkins, 'La maldición de Rookford' ('The awakening' en el original) es la típica historia de fantasmas, ambientada en un internado de Cumbrian, cerca de Londres, por el que pululan entes misteriosos. Hasta allí se traslada una escéptica espiritista, encargada de examinar desde un punto de vista racional los fenómenos paranormales. Historia gótica donde las haya, enmarcada en 1921, pocos años después de finalizar la I Guerra Mundial, cuando la sangría producida en aquella conflagración todavía perduraba en el ánimo de millones de seres humanos.
Lo racional y lo irracional se enfrentan a través del personaje protagonista (bien interpretado por Rebecca Hall), secundada por otros no exentos de la pertinente ambigüedad, con lo cual las semejanzas con un clásico del calibre de 'Otra vuelta de tuerca', de Henry James (o de su versión cinematográfica, 'The Innocents', de Jack Clayton), surgen a lo largo de la película. Trufado todo ello por una escenografía elegante, iluminada por unas imágenes frías, cortesía del camarógrafo español Eduard Grau ('Buried'), y un decorado amenazante, por el que se desparraman neurosis sexuales, preñadas del 'angst' vital.
Cuando la originalidad brilla por su ausencia, como en este caso, el cine puede y debe ofrecer otras muchas virtudes. 'La maldición de Rookford' las tiene. Su autor explota con habilidad los efectos de una trama de estas características, multiplicando los planos engañosos, los movimientos de cámara reveladores; aporta misterio y brío visual, sin hacer concesiones al sanguinolento 'gore' ni a la tecnología digital. Así que, traspasar el umbral de este internado, dejando a un lado prejuicios de cinéfilo viejo, nos permite reencontrar el cine de terror, no como discurso literario, sino como 'corpus' de imágenes alegóricas, que suponen otro martillazo sobre la ya resquebrajada superficie de ese espejo que llamamos realidad.
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