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«Fui al baño de la piscina; cuando me agaché y la oí llorar, pensé: ¡Ay Dios!»

NACIMIENTO SORPRESA

«Fui al baño de la piscina; cuando me agaché y la oí llorar, pensé: ¡Ay Dios!»

Una mujer de 38 años que no sabía que estaba embarazada da a luz a una niña en el vestuario del polideportivo de Zorroza

28.04.12 - 02:45 -
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Marta López no sabía que estaba embarazada. Ni náuseas, ni vómitos, ni contracciones, «ni tripa»... Asegura que en estos meses ha tenido la menstruación, «no tan abundante, pero siempre a últimos de mes», aunque ahora cree que se trataba de las pérdidas que suelen sufrir algunas mujeres en estado. La mujer, de 38 años y madre de otras dos niñas -Ziortza, de 8, y Aizea, de 12- acudió con sus hijas y su marido a la piscina del polideportivo de Zorroza el pasado miércoles por la tarde. Toda la familia es abonada. El padre, Juan Carlos Hernández, de 41 años, que tampoco era consciente de que iba a tener otro bebé, había alquilado un campo para jugar a fútbol con sus amigos de cuatro a cinco, como suele hacer habitualmente. Después del partido, también se dio un baño.
Alrededor de las seis y media de la tarde, cuando recogían sus cosas para ir a casa, la vida les dio un vuelco. Marta entró con las niñas en el vestuario femenino. Antes de darse una ducha, fue al baño porque sentía retortijones. «Tenía ganas de hacer de cuerpo y salió», resume la mujer en la habitación del hospital de Basurto donde está ingresada desde entonces. «Me agaché y entonces la oí llorar, y pensé: ¡Ay Dios!».
El padre, «desencajado»
Marta cogió a la pequeña entre sus brazos y la puso en su regazo. Avisó a su hija mayor y Aizea fue corriendo a buscar a su padre, que las esperaba en la puerta del vestuario porque «tardaban en salir». «Me quedé blanco, no íbamos a por ella», dice Juan Carlos. El padre y las niñas rompieron a llorar «a moco tendido» en una mezcla de «susto y sorpresa». «Desencajado», Juan Carlos pidió ayuda en el mostrador del polideportivo. «¿Sabéis el número de Urgencias?, mi mujer acaba de tener un niño en el aseo del vestuario de la piscina», les anunció aún incrédulo. A partir de ese momento, todo el centro deportivo se volvió loco. «Unos corrían para acá, otros para allá», dice Alfredo, el operario de control.
Nagore, la auxiliar, llamó al 112 mientras mandaba a buscar a Josu, el socorrista de la piscina, y avisaba para que habilitaran un vestuario para los niños que acababan en ese momento sus cursillos. El polideportivo «estaba lleno de madres que esperaban la salida de sus hijos». Josu recibió instrucciones por teléfono de una doctora. Debían atar un nudo en el cordón umbilical que unía al bebé y a la madre, «a tres centímetros del ombligo», nunca cortarlo. Algunas usuarias que querían ayudar a la parturienta pedían a gritos unas tijeras, pero este método hubiera supuesto un gran peligro. Los empleados del centro rescataron unas zapatillas del armario de objetos perdidos y sacaron los cordones; «como Indiana Jones», sonríen ahora.
Finalmente, una de las mujeres cogió un «gancho del pelo» y lo colocó en el cordón como les habían indicado. Marta seguía sentada en la taza del váter con la pequeña en los brazos. La niña «intentaba cogerle el pecho» a su madre. Casi inmediatamente después de nacer, Naiara ya mamaba.
La escena sobrecogió a todos los presentes. «Fue precioso, la niña era tan pequeñita, pero tan bonita, la madre estaba estupenda, todo salió estupendo», se alegra Nagore. «No os preocupéis que la dos están bien», tranquilizó la auxiliar al padre y las niñas. En ese momento aparecieron familiares de la pareja, que se echaron a llorar. «No sabíamos nadie que estaba embarazada, ni ella». Cuando llegaron los sanitarios de una ambulancia de Osakidetza colocaron una sábana en la puerta del baño, cortaron el cordón umbilical y ofrecieron a las dos los primeros cuidados postparto. Desde la recepción se escuchaba el llanto del bebé. Los sanitarios recogieron la placenta, ayudaron a la madre a sentarse en una silla de ruedas y las trasladaron hasta el hospital de Basurto, donde esta misma mañana recibirán el alta.
Naiara: 2,7 kilos y 46 cm.
Las hermanas de la pequeña, aún impactadas, eligieron el nombre. Se llama Naiara y pesó al nacer 2,76 kilos. Mide 45 centímetros y «está sana», se enorgullece su sorprendida madre. Según los cálculos médicos, la niña vino al mundo entre las semanas 37 y 39 de gestación, dentro de la normalidad de un embarazo, que puede llegar a durar un máximo de 42 semanas.
La noticia era ayer «lo más comentado» en el barrio de Zorroza, donde la pareja es muy conocida. «Estamos muy contentos, pero ahora nos tendremos que apretar aún más el cinturón porque con los 400 euros del paro que cobro para alimentar tantas bocas...», asume Juan Carlos, que lleva tres años sin trabajo. Su último empleo fue como chófer de microbuses, y ahora aceptaría «cualquier cosa». Marta, por su parte, trabaja por horas limpiando casas, pero «nada fijo». Además, ahora tendrá una dedicación absoluta a la pequeña Naiara y a sus dos hermanas.
«Ha sido totalmente diferente a los otros dos embarazados, que fueron partos normales», recuerda. «Me he librado de pruebas, de todo», se felicita. Ziortza tiene ocho años y «ya lo habíamos tirado todo, no pensábamos tener más hijos». De momento, han recibido la ayuda de «amigos y conocidos», que al enterarse de la buena nueva les han regalado «una cuna y un cochecito». «No teníamos nada, nos ha pillado... ni ropita», dice Juan Carlos. Naiara es «buenilla». Tiene mucho pelo y apenas llora, aunque «por la noche querrá jarana», teme la madre. De momento, no les está dando malas noches.
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Marta López muestra a la pequeña Naiara. A la derecha, una auxiliar señala el lugar del parto./ Luis Calabor
«Fui al baño de la piscina; cuando me agaché y la oí llorar, pensé: ¡Ay Dios!»
La auxiliar señala el baño donde dio a luz la mujer.
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