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Jorge Frutos: «En Irlanda la cultura laboral es más sana»

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Jorge Frutos: «En Irlanda la cultura laboral es más sana»

Este vizcaíno, especialista senior en Servicios Financieros Internacionales, se mudó hace cinco años a Dublín con solo 2.000 euros y dos maletas

08.04.12 - 02:03 -
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Llegó hace cinco años al lugar perfecto para mejorar su inglés: Dublín. La cuna de muchos estudiantes y de extranjeros que buscan una oportunidad laboral. Jorge Frutos ha conseguido los dos objetivos. Maneja a la perfección la lengua británica y tiene un buen trabajo como especialista en servicios financieros internacionales en Citigroup. Este vizcaíno ha cambiado la ingeniería informática por la banca, que le permite mantener relaciones con más de cien países. Nunca pensó marcharse a vivir al extranjero y su madre no daba «un duro» por él. Cinco años después, se encuentra «cien por cien» adaptado al carácter irlandés y sus costumbres. Solo hay una cosa que lleva mal de este país: su clima.
Le costó lo suyo acabar la carrera de Ingeniería Informática en la UPV de San Sebastián. Cada día hasta 2006 cogía la carretera desde su Basauri natal. Con el título bajo el brazo y el proyecto de fin de carrera entregado, decidió que era el momento de aprender inglés. «Iba a ir a Londres a fregar platos, pero un amigo me convenció para trasladarme a Dublín, ya que él se encontraba allí realizando un doctorado. Me vine con dos maletas y 2.000 euros hasta que se acabasen», recuerda.
El dinero lo estiró dos meses hasta que encontró su primer empleo atendiendo las llamadas en la empresa HP. «La mayoría de los que llegamos aquí empezamos trabajando en el 'call center' de muchas empresas instaladas en Irlanda. Solo te piden que te defiendas en inglés. Estuve seis meses así y otros tres como 'training' enseñando a otras personas. Es un trabajo que quema y nadie aguanta más de un año». Tuvo suerte y a través de un amigo entró a formar parte del departamento informático de Citibank.
Aquí trabajó hasta la crisis financiera de 2008. «Nos echaron a todos, pero ofreciéndonos muy buenas condiciones. También me dieron la oportunidad de reubicarme en otro departamento y cogí el empleo. Lo que más me ata aquí es el trabajo, porque la cultura laboral es más sana que en España». Recuerda que un día pidió a su jefa ir a trabajar los sábados para limpiar el correo electrónico que tenía saturado. «Al día siguiente me junté con mis dos jefas, me preguntaron qué me pasaba y me dijeron que estuviera tranquilo. Me quedé atónito. Aquí se proponen tener al empleado contento, aunque a veces metan caña», explica.
Hace semanas regresó de unas largas vacaciones en Nueva Zelanda. Se fue estresado, pero al pisar Dublín se ha dado cuenta de la suerte de tener un trabajo en el que le valoran. Además, el coste de la vida ha bajado mucho desde que estalló la recesión económica. De hecho, él ha pasado de vivir en la periferia a compartir un piso en el centro por 575 euros de renta. «Vivo con un chico gallego y tenemos una habitación doble con baño propio. Aquí se estila más el alquiler, al menos hasta cierta edad». El resto de los hábitos de consumo son un poco más caros que en España, pero se compensan con los sueldos. «Yo soy un 'mono' y gano 2.300 euros. Vivimos más desahogados. Para mí el dinero no es un lujo». La crisis también ha afectado a los irlandeses, pero no ha golpeado tan fuerte al mercado laboral; hay más movimiento y es relativamente sencillo encontrar empleo.
Cielo gris, frío y lluvia
De su trayectoria profesional no tiene queja, como tampoco del carácter de los irlandeses, a quienes Frutos define como «campechanos y con buen pronto». Si tiene que poner alguna pega a Dublín, no tiene dudas: el tiempo. «Nunca me acostumbraré al frío y la lluvia, ni tampoco los que son de aquí». Igual llueve más en Bilbao, pero es que en la capital de la cerveza negra apenas brilla el sol. «No existe el verano. A las once de la noche aún es de día, pero amanece y anochece gris. Los irlandeses tienden a beber tanto porque en la calle no se puede estar, hace frío, y la mayoría de los pub son muy acogedores, con su madera y sus alfombras».
La ciudad de U2 y Oscar Wilde le recuerda a Frutos al «botxo antes de la reconversión». La mayoría de las familias residen en la periferia porque en el centro, a pesar de haber seguridad, se ve a mucha gente enganchada a la heroína. Sin embargo, en cuanto uno se aleja de Dublín, el verdor hace su aparición y se pueden contemplar auténticas maravillas de la naturaleza. «La costa oeste es mágica». Pero el problema del clima persiste y los inviernos resultan muy crudos. «Siempre hay un día en el que no puedo acudir al trabajo porque el tiempo te tira abajo la moral». ¿Regresar? «A día de hoy ni de broma. Aquí estoy muy bien, muy cómodo. Eso sí, a no ser que encuentre aquí a la mujer de mi vida, tengo pensado irme en un par de años».
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Jorge, a la izquierda, y su compañero de piso, en una excursión a los acantilados más altos de Europa. :: E. C.
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