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«Sólo quería matarnos»

PALIZA MORTAL EN MURCIA

«Sólo quería matarnos»

01.03.12 - 02:42 -
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Una salvajada. No cabe otro calificativo para definir la atroz paliza que sufrieron el lunes tres mujeres de avanzada edad mientras paseaban por una zona de limoneros en la pedanía murciana de El Raal. El ataque se produjo a plena luz del día, pasadas las cinco de la tarde, cuando un joven corpulento de entre 20 y 25 años surgió de la nada y, tras perseguirlas durante unos metros, golpeó sin piedad a las víctimas con un garrote: María del Carmen Calderón Roldán, de 79 años, Fina Meseguer Ruiz, de 64, y Carmen Gea Marcos, de 69 años.
«De repente se abalanzó contra nosotras», concretamente sobre Mari Carmen, a la que golpeó en el cuello, justo por debajo de la oreja. «Después me cogió de los pelos y me arrastró por la carretera y me tiró en el huerto», relata la mujer. Casi sin tiempo para reaccionar, el asaltante propinó otro golpe a Fina, a la que abrió la cabeza -literalmente-. «Llevaba algo parecido a un bate de béisbol. Me agarró, pero pude amortiguar en parte el golpe con un brazo. Si no, me mata porque a eso venía, no quería otra cosa. Ni nos pidió dinero ni nos robó las pocas cosas de valor que llevábamos, como un collar de oro o un reloj que a mi se me cayó», recuerda todavía horrorizada Fina, a la que el atacante volvió a arrastrar hasta dejarla tendida sobre su amiga Mari Carmen.
No se paró. Todavía quedaba la indefensa Carmen, a la que golpeó con tal fuerza que le «hundió el cráneo». Ella jamás volvería a levantarse del suelo. Durante unos minutos infernales nadie pasó por la zona. Nadie escuchó sus gritos de dolor y de auxilio. Todavía atenazada por los nervios y tocándose los hematomas fruto de la agresión, Mari Carmen Calderón Roldán recordaba con espanto lo ocurrido: «Le dijimos que no nos matase. 'Si tenemos que darte una perra, te la damos'. Pero nos dio un garrotazo».
«No les pidió nada»
Los familiares de las víctimas aseguran que el sospechoso llevaba tiempo refugiado en una casa abandonada situada a escasos metros de donde ocurrió la agresión y que tres días antes, ese hombre abordó en un camino cercano a la hermana de una de las agredidas y se desnudó delante de ella. «Por eso durante el ataque a ellas se les pasó por la cabeza que el hombre buscaba otra cosa», afirma Manuel Cámara, marido de Fina Meseguer.
Su hijo, Alberto Javier, también ha descartado el móvil del robo ya que, según el relato de su madre, el agresor no llegó a pedir dinero ni se hizo con las joyas que portaban las víctimas. «Robo no puede ser porque no les pidió nada, y las mujeres llevaban sus cadenas de oro y anillos», comentaba ayer desde el Hospital Reina Sofía de Murcia, antes de añadir que su progenitora llevaba, además de las joyas, monedas que sumaban 1,80 euros, que el agresor no cogió.
Fina asiente postrada en la cama con 30 grapas en la cabeza, un fuerte traumatismo craneal y un coágulo. Aún así, podrá contarlo. Algo que no hará Carmen Gea Marcos, quien recibió en el cráneo un golpe mortal de necesidad. Aunque se estuvo debatiendo entre la vida y la muerte en el Hospital Virgen de La Arrixaca desde la tarde del lunes hasta las 16 horas del martes, finalmente los médicos desconectaron la máquina que la mantenía respirando de manera artificial.
Mari Carmen, Fina y Carmen cubrían cada día la ruta de tres kilómetros que va desde el Carril de Los Cobos hasta Los Tres Puentes, en la pedanía oriolana de La Aparecida, y hablaban de sus cosas, de lo que iban a hacer de cenar, «de los maridos, de los nietos, lo típico». «Salíamos a las 15.30 horas. Ellas me recogían en El Raal, pasábamos por Los Tres Puentes, por el puente viejo de Beniel y me dejaban en mi casa para que no volviese sola», explicaba Mari Carmen, lamentando que el lunes «ya habíamos terminado la ruta, pero decidimos seguir porque todavía había luz». Fue entonces cuando «un hombre salió de la Casa de Los Rodríguez. Era magrebí, corpulento, con chaqueta blanca y chispitas negras. Iba caminando detrás de nosotras, pero no pensamos que nos pudiese hacer esto».
Tardanza de la ambulancia
La casa, en cuestión, es un inmueble abandonado, que al parecer fue forzado y donde se refugiaba el agresor. Según familiares de las víctimas, la Guardia Civil de Santomera y la Policía Judicial ya han abierto una investigación, «y se han dirigido a los propietarios de este inmueble». El agresor huyó a través de los limoneros. «Luego pasó un hombre argelino, caminando con su sobrino, y nos socorrió», subrayan las dos supervivientes. «Él nos dijo que Carmen estaba en el suelo con la cabeza ensangrentada, y la recogió, pero cuando la colocó sobre la acera ya estaba agonizando».
Mari Carmen criticaba con amargura que «la ambulancia del centro de salud de Beniel tardó treinta minutos; llegó con chófer y sin médico. Vergüenza les tenía que dar». Después llegaron dos ambulancias del 112, agentes de la Policía Local y efectivos de la Guardia Civil de Santomera. El ciudadano argelino que las socorrió se ha ofrecido a testificar. Las familias de las tres víctimas esperan que pronto se dé captura al agresor. Fina permanece ingresada esperando salir para abrazar a sus dos amigas. Nadie le ha dicho todavía que a su querida Carmen el paseo le ha costado la vida.
La hija de la víctima mortal, entre sollozos, clamaba justicia. «Mi madre siempre daba limosna, fuese extranjero o español; era una mujer solidaria. Toda la vida ha estado entregada a sus hijos y a su familia, ha cuidado de todos y ahora la han matado».
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Alberto Javier cuida de su madre, Fina Meseguer, que tiene 30 grapas en la cabeza y un coágulo por los golpes del atacante. :: NACHO GARCÍA
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