La Fiscalía de Gipuzkoa ha solicitado la comparecencia en el juzgado de la tripulación del pesquero bermeotarra 'Motxo' a fin de que declaren como imputados dentro de la investigación abierta para determinar si el embarracamiento puso en peligro o causó daños en la rasa mareal entre Deba y Zumaia. También ha pedido un informe a la secretaría técnica de la Fiscalía de Medio Ambiente sobre los efectos que pudo causar el siniestro.
Los problemas para los armadores del 'Motxo' no terminan. Desde que el 4 de noviembre de 2010 el barco encallara en las rocas todo han sido contrariedades. El percance les hizo perder el navío, su principal medio de vida, y, además, dañó la imagen de unos arrantzales que fueron acusados desde diferentes instancias, algunas públicas, de faenar de manera ilegal en un espacio protegido como el 'flysch'. Ahora, se ven inmersos en el proceso judicial que se sigue por la presunta comisión de un delito contra el medio ambiente.
El informe sobre las causas del naufragio, elaborado por la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM), organismo dependiente del Ministerio de Fomento, exculpó a la tripulación de toda imputación de pesca irregular. No obstante, los inspectores atribuyeron el siniestro a la falta de vigilancia en la navegación. «En el momento del accidente, el patrón al mando y única persona en el puente llevaba once horas de guardia, por lo que es probable que su estado fuese de cansancio, aburrimiento o distracción», indicaron los autores de estudio. Esta acusación directa hacia la persona que gobernaba el barco permite ahora a la Fiscalía interpretar que el patrón pudo incurrir en una actuación negligente por la que cabe exigírsele responsabilidades, siempre y cuando se constate que hubo una afectación al medio ambiente.
Vertido del gasoil
Fuentes del ministerio público han señalado que el objetivo del proceso judicial no es otro que determinar si hubo algún tipo de daño sobre el ecosistema. La Fiscalía justificó su decisión de abrir esta investigación después de que se supiera que el barco vertió parte de su contenido de gasóleo en el biotopo protegido. Cabe recordar que tras el fallido intento de reflotado del barco, el agua penetró en las bodegas y a partir de aquel instante comenzó a fluir al mar parte del combustible. Se estima que los tanques acumulaban unos 15.000 litros de gasoil, de los que 560 fueron extraídos antes de que se ejecutase la operación de reflotamiento. En el barco viajaban un total nueve personas y todas ellas tuvieron que ser rescatadas.
Expertos como el paleontólogo de la UPV Juan Ignacio Baceta, uno de los mayores conocedores del 'flysch', señaló a los pocos días del naufragio que el efecto que pudiera provocar el barco sobre las rocas era mínimo si se comparaba con la erosión natural de las mareas, los desprendimientos de roca y el embate de las olas en los acantilados, que retroceden de media un centímetro al año. «El trabajo de los miles de cantos que mueven las mareas provoca más desgaste sobre la rasa que el de un bloque único, por muy pesado que sea el barco», dijo entonces.
Tras el siniestro, surgieron opiniones divergentes sobre el presunto daño que el vertido ocasionó. «Es un impacto evidente pero que no perdurará en el tiempo, porque la recuperación del sistema es rápida», señaló Germán Alonso, director de Biodiversidad del Gobierno vasco. De la misma opinión fue Asier Arrese, entonces director de Montes de la Diputación de Gipuzkoa, quien, a pesar de reconocer que era «una pena lo que ha ocurrido», incidió en que «no se puede decir que no haya habido impacto, pero hay que contextualizarlo y, sobre todo, no agrandarlo». Otros fueron más críticos, Aitor Leza, miembro de Zumaiako Natur Taldea, señaló: «Es mentira que no ha pasado nada. Es como si alguien arañase un cuadro de un artista famoso».