La Eurozona no afloja con Grecia pese a los violentos disturbios que se desencadenaron tras la aprobación de nuevos ajustes para recibir el segundo rescate. El comisario de Economía, Olli Rehn, elogió ayer la «determinación» mostrada por los dos grandes partidos helenos en el Parlamento, pero recordó que todavía tienen deberes. El responsable finlandés hizo hincapié en la necesidad de que el Ejecutivo «identifique» otros 325 millones en recortes antes de la reunión de mañana del Eurogrupo. Esta condición, junto con el compromiso por escrito de que las reformas no se renegociarán después de las elecciones de abril, articulan el trío de exigencias europeas para desbloquear el nuevo salvavidas.
El comisario de Economía describió como un «paso crucial» el 'sí' otorgado por el Parlamento a los ajustes, que ascienden a 3.300 millones aunque también incluyen el despido de funcionarios y una rebaja del 20% en el salario mínimo. A su juicio, el respaldo a las reformas demuestra que la mayoría del país apuesta por poner fin a «la espiral de finanzas públicas insostenibles y a la pérdida de competitividad». «Todavía llevará tiempo y esfuerzo, pero la UE respalda a los ciudadanos griegos», agregó.
Rehn, sin embargo, insistió en que el Gobierno de unidad heleno, apoyado por los socialistas del Pasok y la conservadora Nueva Democracia, tiene por delante dos condiciones para lograr el paquete de 130.000 millones en ayudas. Al igual que ha sucedido en otras ocasiones, los miembros de la Eurozona quieren que ambos partidos garanticen por escrito que aplicarán los ajustes sin intentar renegociarlos. Ayer, el Ejecutivo confirmó que los comicios anticipados se celebrarán en abril. El principal favorito, el derechista Antonis Samaras, sugirió en la sesión parlamentaria del domingo que si gana intentará suavizar «las políticas impuestas».
El último requisito del club del euro es, en realidad, una aclaración vinculada a los ajustes. El Ejecutivo tiene que explicar en la cumbre de mañana del Eurogrupo dónde recortará otros 325 millones a lo largo de este año. Atenas no solo trabaja bajo la presión de Bruselas. Pese a que Merkel aplaudió el 'sí' heleno, dentro de su Gobierno se escuchan voces más críticas. En referencia a la posibilidad de que el país pueda salir de la moneda única, el ministro de Economía, el liberal Rösler, recordó que «el miedo al 'Día X'» va disipándose. Apostilló que «lo decisivo» es que se apliquen realmente las reformas.
Cine calcinado
En las calles de Grecia, donde la semana pasada se quemaron banderas germanas y se viste a Merkel con uniforme nazi, ayer se contabilizaban los daños causados tras la votación parlamentaria. Grupos de jóvenes encapuchados volcaron toda su ira en disturbios y enfrentamientos con la Policía que se registraron en distintas ciudades. La más afectada fue Atenas con alrededor de 150 tiendas saqueadas y 93 edificios seriamente dañados, en muchos casos por incendios provocados. El fuego calcinó algunos inmuebles emblemáticos como el cine Attikon ubicado en una construcción neoclásica de 1870.
Las escenas de guerrilla urbana, con jóvenes lanzando bombas incendiarias, se han repetido en Grecia desde que estalló la crisis. En la noche del domingo, un centenar de personas resultaron heridas -68 de ellas policías- y 130 fueron detenidas. «La gente ha enviado un claro mensaje: ¡Es suficiente! No pueden aguantar más recortes», remarcó Ilias Iliopoulos, secretario general del sindicato Adedy. El primer ministro Lucas Papademos, que recibió el apoyo de la UE, fue contundente con los responsables de los enfrentamientos. «El vandalismo, la violencia y la destrucción no tienen cabida en un país democrático y no serán tolerados», proclamó.
En el plano político, la votación parlamentaria también dejó importantes consecuencias. Tanto el Pasok como Nueva Democracia anunciaron la expulsión de sus filas de hasta 41 diputados que rechazaron los ajustes o se abstuvieron. Con esta criba, el Gobierno de unidad reduce sus apoyos en la Cámara a 194 de los 300 representantes. Los ultraderechistas del Laos, que para añadir más confusión también sufrieron sus propias deserciones, abandonaron el Ejecutivo heleno la semana pasada en protesta por los ajustes.