Bilbao amanecerá el sábado repleto de brujas, indios, superhéroes y vaqueros. Pero que nadie se lleve a engaño. Muchos de los disfraces que vestirán los juerguistas serán reciclados, prestados, heredados o improvisados con el fondo de armario de toda la familia. Aunque miles de vizcaínos siguen acudiendo a los comercios especializados en busca de trajes y complementos con los que transformar su aspecto, la crisis ha marcado su negra impronta sobre un negocio que pende de cuatro fechas señaladas en el calendario. La más importante -el Carnaval- dejará en esta ocasión aún menos dinero que el anterior en las cajas de las tiendas de disfraces.
«Las ventas han bajado mucho durante esta campaña», constata Ana Arguinzona, de Birlibirloque. Recuerda «que el año pasado a estas alturas ya teníamos colas». Para la empleada, «la crisis es la única explicación que barajamos. La gente saca con qué vestirse de donde puede, y como mucho vienen a por el complemento». Pese a todo, hay modelos que siempre triunfan: «Este año tendremos invasión de pitufos. Se están vendiendo como rosquillas», bromea.
En Bilbao Carnaval ven la partida de la misma manera. «Si en 2011 ya lo notamos, ahora mucho más», reconoce Susana Lores, una de sus encargadas, que añade «las fechas tan tempranas en las que ha caído el Carnaval» a la lista de inconvenientes que harán «mucho más dura» para ellos la cuesta de enero. La media de gasto no alcanza los veinte euros por cabeza. «Antes soltaban el dinero con más alegría, pero esto no deja de ser un vicio y, si hay que recortar de algún lado, es de aquí», dice Lores, que confirma que «los pequeños duendes azules están arrasando este año». En negocios dedicados al disfraz de gama alta, como Menkes, están recibiendo peticiones de «ropa de los 70 y trajes del grupo musical ABBA para acudir a la fiesta setentera del Guggenheim».
Complementos y poco más
El temporal siberiano que afecta a Bizkaia tampoco parece haber animado a los bilbaínos a sacar la cartera. «Con este frío, hay vecinos que han preferido quedarse en casa que salir a comprar», apunta Carlos Aretxaga, dueño del establecimiento que lleva su nombre, «y muchos clientes de pueblos no han podido venir», añade. Aunque confía en remontar la situación a lo largo de esta semana, Aretxaga es consciente de que «el disfraz no es un bien necesario. La gente opta por reciclarlos», admite. El complemento es el único que ha salido beneficiado de este descenso en las ventas. «Se visten de negro y vienen a por la escoba para convertirse en brujas, o de rojo y añaden un tridente», puntualiza. A pesar de la crisis, siempre hay novedades que ofrecer al comprador: «Tenemos hasta trajes que se inflan y desinflan con un motor interno», explica.
Las tiendas de telas, a las que también acuden muchos en busca de tejidos con los que diseñar su propio 'atrezzo', también notan «que las cosas están como están». En Matías y Gacela, en el corazón del Casco Viejo, ponen su 'outlet' habitual a disposición de los que buscan «tejidos carnavalescos aparentes pero apañados de precio», resume Arantxa. La dependienta prevé una fiesta «llena de leones rojiblancos», a juzgar por la creciente demanda de banderas del Athletic tras sellar, el pasado martes, su pase a la final de Copa. «Aquí está vendiendo más el fútbol que el disfraz», ironiza.