Con tan sólo dos películas a sus espaldas, y una perfecta comprensión y asimilación de las dinámicas de un mercado globalizado con perspectivas de futuro, el chileno Daniel Espinosa se ha hecho notar entre los productores caninos de Hollywood, aquellos a los que puso como destinatarios en el encabezado de 'Dinero fácil', su anterior trabajo, un turbio 'thriller' de nacionalidad sueca en el que reeditaba la mitología fílmica relacionada con 'Scarface' trasponiendo los ecos de los personajes moldeados por Brian De Palma al inframundo de las mafias financieras de altura. Y no se podrá quejar de cómo le han tratado porque a cambio de vender su alma al diablo ha obtenido como recompensa una generosa retribución monetaria multiplicada por un casting de lujo. Denzel Washington y Ryan Reynolds integran la pareja de hecho que protagoniza este agotador 'thriller' de espías que traicionan a espías y tipos corrientes envueltos en situaciones extraordinarias, que diría Hitchcock, en la línea de matrimonios cinematográficos como los de 'Training Day' o 'Collateral', aunque dudo que alguna crítica vaya a reconocer el status oficial de una dupla en la que fluye muy poca química.
Con un Denzel Washington que en fase crepuscular muta en paradigma del oficio mecanizado y Ryan Reynolds tratando de encajar en el traje de héroe que nunca ha sido, 'El invitado' (originalísima traducción de 'Safe House') se lanza a tumba abierta por un tobogán en el que la tensión resulta del cálculo de las fuerzas gravitatorias dividido entre la previsibilidad de un guion que arrastra a los personajes a situaciones inverosímiles. Todo es lo que parece: persecuciones al límite, adrenalina microinyectada en dosis periódicas, giros sorpresivos y una dirección actoral respetuosa con las normas no escritas, ni más ni menos que lo que cabía esperar de un realizador que quiere empezar con buen pie en una industria que fabrica películas-mueble como los de Ikea: el 90% son variaciones del mismo modelo, aunque en apariencia parezcan distintas.