Han existido en la última década albiazul partidos pobres, pésimos y hasta lamentables, pero el duelo perpetrado ayer por el Alavés en El Montecillo ante la Arandina entra ya por derecho propio en el podio del museo de los horrores de este equipo. Cuando la situación clasificatoria demandaba una respuesta contudente para evitar una situación de emergencia que se ha activado ya con la derrota ante el Arandina, la escuadra alavesista se vino abajo con estrépito. Habrá ahora que calibrar qué queda debajo de la inmensa polvareda que levantaron los cascotes albiazules si se pretende no abandonar antes de tiempo la pelea por el 'play off', el objetivo de mínimos que la cruda realidad dicta en el mes de febrero.
Es difícil enumerar el catálago de despropósitos acumulados sobre el semihelado campo de Aranda de Duero. Si el duelo demandaba por obligación y sentido común contundencia, el Alavés al completo ofreció un curso de endeblez. Con una zaga a la que la ausencia de Quintanilla, único defensa que aúna energía y velocidad, ha convertido en un colador de grandes dimensiones con capacidad para generar situaciones de peligro en el área propia sin necesidad de contar con el rival. Si para ganar un partido de fútbol, salvo contadas excepciones, es necesario aportar un mínimo de fútbol, el Alavés en estos momentos se resume con su incapacidad para trenzar algo parecido a juego. Ni el retorno de Indiano ni un desdibujado Palazuelos ejercieron control alguno sobre la zona ancha en un equipo en estado de ansiedad donde la prioridad es quitarse la pelota de encima de cualquier manera, algo que, además, no siempre es sinónimo de despejes correctos.
El compendio de las calamidades se puede completar con la falta de intensidad y el pobre estado físico de la plantilla ante una Arandina que corrió más, estuvo mejor situada sobre el campo y, para colmo, ofreció el fútbol que el Alavés nunca tuvo. Un Alavés en definitiva sin alma que, incluso, dejó detalles grotescos como la tarjeta amarilla a Meza Colli por salir al césped antes de tiempo o una falta peligrosa al borde del área a escasos minutos del final que Geni dilapidó con un envío rápido y sin sentido.
Control local y 1-0
El espejismo albiazul se mantuvo durante cerca de un cuarto de hora. El inicial, donde el Alavés plantó la defensa lejos de su área y trató de conectar con Azkorra, realmente su única baza sólida a través de las prolongaciones de cabeza. Esa pequeña chispa activó mínimamente a Tortosa y Casares en los instantes iniciales. Puro artificio, ya que sin grandes alardes, pero con tenacidad, la Arandina comenzó a crecer. Granero había dejado en esta ocasión en el banquillo a Sendoa y Geni, saturados de minutos en la temporada y que ayer, cuando volvieron al césped, tras el descanso mostraron de nuevo su falta de chispa.
El Alavés comenzó pronto a conceder demasiado. Sin control alguno sobre el balón, con Palazuelos prácticamente pegado a los centrales, Indiano sin mando y Salcedo en labores de bombero defensivo por la izquierda, la escuadra local llegaba por inercia. El equipo vitoriano, además, acumulaba faltas y regalaba acciones a balón parado. En una de ellas Rangel realizó una excelente intervención ante un disparo de Manu que se colaba. Poco después llegó el tanto anulado a Azkorra por fuera de juego, que pareció serlo. Una acción que se produjo después de una extrañísima volea lejana de Tortosa que cayó del cielo y el delantero albiazul remachó. En definitiva, sin relación alguna con un juego que se decantaba claramente por el trabajo pulcro e intenso del adversario.
Aunque la Arandina, situado hasta ayer en promoción de descenso, que no había ganado en sus siete últimos partidos en casa y solo había anotado un gol, necesitó que el Alavés abriera la compuerta para el único tanto del choque. Palazuelos y otro albiazul no se entendieron y dejaron la pelota en el área que acabó con el tanto de Gabri. Un delantero que durante muchos minutos hizo un nudo a los centrales alavesistas. Como Joaqui con Dani López.
Sin reacción
El Alavés se refugió en el 1-0 al descanso, un mal menor, pero tampoco le dio para mucho más. Esta vez con el racheado viento a favor, la Arandina dio algún paso atrás y buscó las contras. Sin Azkorra, el equipo albiazul se redujo a casi nada, a algunos mínimos intentos de Indiano por jugar y cuyo ajustado y lejano remate de volea fue la única opción clara de empatar. A cambio, el larguero evitó el 2-0 de Joaqui.
Cuando la verdadera temporada emerge el Alavés comienza a hundirse con la segunda derrota consecutiva. La de ayer, además, para estremecerse.