Las Provincias Vascongadas o Provincias exentas, que así se las llamaba no tuvieron diócesis propia hasta 1862, por lo que este año se cumple el 150 aniversario de la creación de la diócesis vascongada, que tantos años tardó en fraguarse su creación. Últimamente, las Provincias pertenecían a las diócesis de Calahorra-La Calzada y Pamplona, aunque en tiempos más remotos también tuvieron su parte en el pastel las de Burgos, Santander y Bayona. La aspiración de los vascos por tener una diócesis propia fue constante durante centurias, la mayor parte la tenía a la de Calahorra-La Calzada, que comprendía Vizcaya, Álava y parte de Guipúzcoa. Es curioso observar que la parte guipuzcoana era la que tenia dialecto vizcaíno- valle del Deba- perteneciendo el resto a la de Pamplona.
En 1851, en el Concordato con la Santa Sede se tuvo en cuenta esta aspiración vasca en 1862 se materializó merced a las gestiones del diputado general de Álava D. Pedro Egaña, y a las del Prócer alavés Ramón Ortiz de Zarate y el apoyo de Isabel la mayor afición que cobraran a sus costumbres tradiciones y fueros, en cierto modo II, muy proclive a todo lo concerniente a los vascos. Claro está, que este hecho tuvo su oposición por parte del obispado de Pamplona y más importante todavía del de Calahorra- La Calzada; tanto es así, que el avance lento de La Calzada, Justo Barbagero, envió un memorándum al ministro de Gracia y Justicia en 1861 cargado de razonamientos demagógicos, carentes del menor atisbo de elegancia espiritual, para torpedear la creación de la diócesis vasca. Como muestra, reproducimos un párrafo de esta perla de sabiduría del mentado memorandum. «Teniendo los vascongados obispo de su habla, cabildo y párrocos de su habla, pastorales, libros de su habla, se aferraran más y más en ella, trataran de extenderla por los limites de las tres provincias, ganando el tiempo perdido y haciendo de ella una lengua nacional. Y si a todo esto se añade se autorizan y sancionan, se habrá contribuido a fundar en España una nacionalidad distinta, y una base de separación política para lo que más adelante quisieran invocar el principio de las nacionalidades». ¿Les suena esto? El párrafo ha sido tomado del libro 'País vasco, Iglesia, y revolución liberal', cuyo autor es Francisco Rodríguez de Coro.
Aunque, lo que verdaderamente le inquietaba a la diócesis de Calahorra-La Calzada era que la creación de una diócesis vasca le suponía de un tacazo la pérdida de 533 parroquias, muchas de ellas económicamente florecientes, lo que era un trago muy difícil de asimilar.
Primer obispo
Afortunadamente, Barbagero fracasó en sus gestiones y se eligió a Vitoria como sede episcopal vasca; naturalmente, con alguna oposición de sus provincias hermanas que la reclamaban para cada una de ellas. El primer obispo de su habla fue el cordobés Diego Mariano Alguacil y Rodríguez; un santo varón piadoso y caritativo que inmediatamente se ganó a sus diocesanos.
Alguacil, nombró a un joven canónigo guipuzcoano Vicente Manterota la administración de la diócesis. Manterola, era un joven donostiarra canónigo ( tras brillante oposición); muy inteligente y elocuente orador, tanto en castellano como en vascuence, lengua que dominaba a la perfección, que fue el adalid en nuestra tierra del neocatolicismo, una especie de salafismo católico, fundador del 'Semanario Católico Vasco-Navarro', publicación que tuvo mucha influencia en la vida del país. En menos cuantía fueron fervientes neocatólicos los canónigos Balbuena y Sáenz de San Pedro, este ultimo rector del Seminario de Aguirre.