El Ayuntamiento de Bilbao volvió ayer a sacar pecho al hacer balance de tesorería. Según anunció la concejala de Economía y Hacienda, Marta Ajuria, las arcas de la villa gozan de una salud «excelente», lo que permite a la Administración local cumplir «puntualmente» con sus pagos. Así, Bilbao paga sus facturas en un plazo medio de 41 días, nueve antes del máximo legal establecido.
Alrededor del 40% de los pagos efectuados por el Consistorio a lo largo del año corresponden a trabajos y servicios contratados directamente por la Administración local. En el último año se abonaron 11.794 facturas, cuya suma ascendió a 206.722.526 euros, unos 88,5 millones menos que en el ejercicio anterior. Según aseguró la responsable económica del gabinete Azkuna, el 94% de estos abonos se realizan dentro de plazo, lo que supone casi un incremento del 4% respecto a 2010, cuando se pagaron con demora 1.902 facturas.
En cualquier caso, los retrasos en el pago de ese 6% de facturas restante «no están motivados por problemas de tesorería -aclaró Ajuria-, sino que se deben a causas ajenas a la Administración municipal». La gestión en la tramitación de facturas, la improcedencia de algunas de ellas, las corrección de errores o la fiscalización son algunos ejemplos de factores que ocasionan estas demoras. A pesar de todo, la gran mayoría de las facturas retrasadas se pagan antes de que cumpla un mes sobre el vencimiento del plazo: el 31, 75% en la primera semana, el 32,96 en la segunda, y el resto a lo largo de las quincena siguiente.
Que el Consistorio cumpla «puntualmente» con sus obligaciones económicas no es nuevo. Si en 2008 el máximo legal estaba en 60 días, el Ayuntamiento de Bilbao liquidaba sus facturas en 46 y desde entonces ese plazo ha ido reduciéndose paulatinamente. En 2010 redujo el margen hasta los 42 días y en este ejercicio ha acortado un día más.
Sin embargo, el esfuerzo deberá ser continuado, ya que según la Ley sobre Contratos del Sector Público, a partir del 1 de enero el límite autorizado será de sólo 30 días.
Más competitividad
Ajuria destacó la importancia que tiene la puntualidad en los pagos para el tejido empresarial del entorno «porque favorece su competitividad» y afirmó que las administraciones públicas «tenemos que ser rigurosas y responsables». En este sentido, la edil señaló la morosidad como «uno de los efectos más indeseados de las crisis económicas» y afirmó que los impagos y demoras «complican la actividad económica de todos los sectores, pero muy especialmente de las pequeñas y medianas empresas, que tienen una gran dependencia al crédito a corto plazo y unas grandes limitaciones de tesorería».