Portugalete cerrará con las accesos mecánicos de la calle Almirante Martín de Vallecilla su anillo de escaleras y rampas autoimpulsadas que desde hace años desarrolla para unir los barrios altos de la villa con el casco urbano, en uno de los pueblos de la comarca que más sufre por su empinada orografía. «No tenemos previstas más ni a corto ni a medio plazo», zanjo ayer el alcalde, Mikel Torres. Con ellas serán cinco los mecanismos de este tipo que funcionen en el municipio.
El propio regidor y el concejal de Urbanismo, Ángel Anero, desvelaron ayer que la calle Almirante Martín de Vallecilla, que une la avenida Carlos VII con el barrio de Repélega, dispondrá a finales de año de cuatro rampas mecánicas que se instalarán en su parte alta, «donde más inclinación existe». En concreto, la primera se colocará a partir del cruce con la calle Maestro Zubeldia y hasta Alfonso del Pozo. Después, los cruces con las calles Juan Antonio Zunzunegui, Vicente Durañona y Francisco de Berriozabal verán la llegada de otras tantas rampas.
Con un coste de casi tres millones de euros y un plazo de obras de unos nueve meses, el Ayuntamiento espera que los trabajos empiecen «a finales de abril o principios de mayo» para que puedan estar terminados antes de que acabe el año. Aparte de una reducción del plazo de ejecución, el alcalde también espera una baja en el presupuesto «del 20 o el 30%, como se están produciendo ahora», y que ese ahorro permita al Ayuntamiento financiar la urbanización de la calle San Ignacio.
Hasta las once de la noche
Las nuevas cuatro rampas mecánicas de Almirante Martín de Vallecilla incorporan una novedad respecto a sus predecesoras y es que, debido a los avances técnicos, el foso donde se instalan no es tan grande como hasta ahora. «Esto no sólo ahorra costes de obra al tener que excavar menos, sino que permite arreglar las averías de forma más sencilla», aclaró el primer edil. Como todas, su horario de funcionamiento será hasta las once de la noche, momento en que se pararán hasta las siete de la mañana, un sistema que, como adelantó Ángel Anero, «ha permitido reducir el índice de vandalismo en los dos meses que lleva en marcha».