Folklore vasco en Bilbao el martes con Junkera & Amuriza y puramente americano el miércoles con el exmarine Wayne Hancock. En la serie Los Cuartitos del Arriaga, el trikitilari Kepa Junkera (Rekalde, 1965) y el bertsolari Xabier Amuriza (Etxano, 1941) recrearon varias coplas bizkaitarras en un ambiente aspirante a la romería popular aunque el encuentro no pasó del didactismo académico, sobre todo por la labor cantarina de Amuriza, quien no acabó de rizar el rizo al cantar en un estilo parejo al de Nacho de Felipe. Fueron 13 piezas en 76 minutos y los picos más ovacionados los firmaron los tres instrumentales junkerianos con su sonido marítimo y juguetón. Los temas cantados adolecieron de falta de tensión y pecaron de domésticos por la grave presencia de la percusión de Íñigo Olazabal. Amuriza leyó del atril ('Gaztaina koloreko'), reprodujo académico el repertorio ('Aiko Juaniko Olabarriko') y se creció en los txistes de las presentaciones ('Matxalen Busturiko'), pero no consiguió igualar el espíritu ni de romería al aire libre ni de txoko cerrado ('Ipiñaburu leku altuan'). No obstante, dio lo mejor de sí al final, al cantar bien 'Soldadu noa soldadu' y, ya en el bis, al improvisar bertsos sobre San Mamés.
El miércoles con puntualidad exquisita Wayne Hancock (Rockne, Texas, 1965) ofició en el Azkena con una formación genuina y vintage: contrabajo, guitarra eléctrica Telecaster más su guitarra acústica, sin batería y sin steel guitar. En 113 minutos, Wayne, calado con gorrilla, cantó excelentemente con deje nasal 31 canciones vagabundas y currelas de autopistas, trenes de mercancías y topónimos como Kansas City, California, Louisiana o San Antonio. Se ejecutaron con diversos ritmos de música americana de raíz, de folklore yanqui, desde el hillbilly y el western swing al blues y el rockabilly. Alternando los tempos, animándose en la fiesta o lamiéndose las heridas, sonriendo y cantando como un vaquero genuino (qué clase y corazón atesora), Wayne se arrimó a la frontera mexicana ('87 Southbound'), tributó a su ídolo Hank Williams ('My Bucket's Got A Hole in It'), roqueó como Jerry lee Lewis, se lució en baladas vía Dwight Yoakam, reinó en el honky tonk ('Highway 54'), marcó el swing ('That's What Daddy Wants') y por el epílogo suministró bastantes versiones, unas de Carl Perkins ('Blue Suede Shoes', festiva y bailada) y más de Hank Williams ('Lost Highway', 'Move It On Over', muy bien ambas), en un bolo entrañable.