Alfredo Pérez Rubalcaba se estrenó en el cargo con una larga 'madrugá' sevillana. Más de nueve horas tuvo en vela a barones territoriales, a sus más estrechos colaboradores y a un puñado de periodistas. Se trataba de componer su primera ejecutiva federal y, fiel a la tradición socialista, fue citando a todos los secretarios generales para elaborar una lista lo más consensuada posible. La relación de nombres no se cerró hasta las ocho y media de la mañana.
La primera en hablar con Rubalcaba fue su contrincante, Carme Chacón. La dirigente catalana renunció a un puesto en la ejecutiva, pero le exigió que en la dirección también estuvieran algunos de sus fieles. Mas explícito fue el primer secretario del PSC, Pere Navarro, quien le llegó a advertir de las sillas vacías que se podría encontrar si no se atendían sus peticiones.
A partir de ahí, idas, venidas, entradas, salidas, reuniones, conversaciones por móvil a las cuatro, cinco, seis de la mañana... Rubalcaba, en mangas de camisa primero y con jersey después, abandonando y accediendo a despachos contiguos al suyo y con el teléfono en la oreja, culminó una primera ronda con los dirigentes territoriales después de cinco horas. Después, hubo una segunda pero solo con los que había que limar ciertas diferencias. Elena Valenciano, Óscar López, Antonio Hernando y Gaspar Zarrías fueron sus escuderos.
La propia Chacón se implicó entrada la madrugada. Había abandonado el hotel Renacimiento, donde se desarrolló el congreso, hacia las once de la noche, pero regresó. No se vio con Rubalcaba, pero sí estuvo muy activa con sus compañeros del PSC y con dos de los 'barones' que la habían apoyado: Tomás Gómez y José María Barreda.
Otros dos, el gallego Pachi Vázquez y el valenciano Jorge Alarte, tras ver a Rubalcaba, estuvieron esperando pacientemente toda la madrugada fuera del despacho del líder. Sus dudas se despejaron pasadas las ocho y media de la mañana.