Creánselo sin prejuicios: conciertazo el que dieron Amaral en un Palacio Euskalduna con aforo agotado desde meses antes y con las butacas ocupadas por mayoría femenina y abundantes niñas. Nosotros lo vimos desde el quinto palco, pero desde ahí Pato calibró la bondad de los muslos de Eva Amaral y hasta ahí subió el tornado provocado por la fuerza de la morenita maña, que llenó el tablado desnudo, adornado solo por una pantalla a modo de telón de foro donde solían poner dibujos de animales bastante regulares (el murciélago parecía un hámster con ala delta).
Estos dibujos son los del disco que presentaban, 'Hacia lo salvaje', muy bueno (no, no nos pagan ellos por pregonarlo) y que repasaron entre los 25 temas interpretados en 125 minutos con dos bises. Eva Amaral apareció en escena y salió de la misma siempre la última del quinteto, reservándose las mayores ovaciones, pero es que ella con su voz e imagen sostiene a un grupo cuyo cancionero se basa en los guitarrazos sencillos (apenas punteos) de su exnovio Juan Aguirre. Eva bajaba al foso de la orquesta y cantaba frente a la vanguardia enardeciéndola, bailaba y giró sobre sí misma muy contenta y aniñada, habló poco y cómplice a la parroquia, y entonó sostenidos con ecos petulantes sobre cosas con deseos de besos, penas del corazón y la injusticia del mundo.
De la nada del tablao y de lo poco del quinteto básico y roquero, Amaral erigieron un bolo eléctrico con mucho rock, poco pop, algo de blues y glam, el 'Sin ti no soy nada' e incluso una ranchera vía Los Secretos (el adiós con 'Cuando suba la marea'). Y los títulos que más nos gustaron fueron 'Hacia lo salvaje', ululante reinvención de lo independiente y transversal; 'Esperando un resplandor', cuando le llamaron guapa; 'Hoy es el principio del final', con sus guitarreos post-rock, los falsetes de Eva y su verso idiosincrásico «en un acto total de rebeldía»; 'Si las calles pudieran hablar', por su rollo chanson indie y a pesar de su victimismo; 'Montaña rusa', por el trabajo del bajo y su frase «no soy ninguna santa»; 'Riazor', con Eva Amaral siendo el epicentro del Euskalduna; 'Las puertas del infierno', con sus tambores a lo Suzi Quatro; 'A solas' por su melodía pegajosa; y 'Días de verano', el culmen del concierto y de la pena amarga. Ya ven qué bien.