Reino Unido, Taiwán, Senegal... y Vitoria. Los niños de aquí y también los de no pocos rincones del mundo quieren «recibir» a la Virgen Blanca, rendirle pleitesía, y convertirse en sus cofrades. Y así lo hicieron ayer en la fiesta de Candelas promovida por la Cofradía de la Virgen Blanca. La iglesia de San Miguel recibió a más de un centenar de familias, algunas de orígenes diversos, que presentaron a sus recién nacidos a La Blanca. Entre los recién estrenados papás y mamás que se dieron cita, la mayoría residentes en la ciudad, había matrimonios de raíces lejanas.
Era el caso de David y Cati. Ambos vitorianos, aunque ella con padres taiwaneses. Su pequeño Alain, a punto de cumplir su primer año, no faltó a la cita con la patrona, a la que, igual que el resto de devotos menudos -«más de un centenar, que son muchos», se felicitó el abad, Ricardo Sáez de Heredia-, le encendió una vela y besó su medalla. El mismo ritual cumplió, a sus 3 meses, Nahia. En total, más de 100 llamas para iluminar de esperanza a La Blanca, «la más bonita», aseveraron todos.
La hermandad religiosa, inmersa ya en los preparativos de su 400 aniversario, deseaba «celebrar la vida». Al igual que los terceros sábados de cada mes las bancadas de San Miguel se llenan para acompañar a aquellas familias que han perdido a un ser querido, la Cofradía también deseaba mostrar su alegría y calor a la patrona de la ciudad por medio de la presentación de los pequeños protagonistas de ayer, «el futuro de Vitoria», recordó Sáez de Heredia.
Un beso a la medalla
El lluvioso cielo no desanimó a las familias a acercarse a este ya tradicional encuentro. La bienvenida, de hecho, no pudo ser más cálida. Tras la acogida de los asistentes, después de la misa dominical, cada niño recibió en el Altar Mayor una vela con la imagen de La Blanca.
Tras encenderlas y seguir al sacerdote en procesión, al son de las celestiales melodías del órgano, los pequeños se reunieron en torno a la capilla de la patrona para recibir su bendición, besar su medalla y, como obsequio, llevarse una original placa con el Ave María. En la despedida, los más de cien nuevos cofrades se esmeraron en lanzarle flores: «¡Viva la Virgen Blanca!», «¡viva Vitoria!».