Los vecinos de Zorrozaurre y la ribera de Deusto podrán volver a dormir tranquilos, al menos durante medio año. El Ayuntamiento de Bilbao ha impuesto una sanción de seis meses de cierre y 15.000 euros de multa a la discoteca Mao Mao Beach, que ocupa uno de los pabellones industriales de la península, por incumplimiento de aforo. Según fuentes policiales, el establecimiento albergaba a casi 800 personas -prácticamente el doble de lo permitido- en el momento de la inspección realizada el pasado mes de septiembre.
Tras completar la tramitación del expediente, el Ayuntamiento hizo pública la sanción a última hora de la mañana de ayer. Los propietarios del local, sin embargo, ya han manifestado su intención de recurrir. «Alegaremos porque nos parece una barbaridad», aseguró uno de sus abogados, que añadió que «a pesar de la obsesión de los vecinos con nuestro negocio, los problemas los trae el botellón y no la discoteca». Cuando se formalice el recurso se abrirá un plazo de mes y medio para determinar la sanción definitiva que se impone al local, que podrá seguir abierto al menos hasta marzo.
Escasas horas antes de conocer la sanción, los residentes del barrio se concentraban frente al local nocturno para expresar, «por enésima vez», su «hartazgo» con la situación que esta discoteca genera en la zona todos los fines de semana. Respaldados por la organización Euskaldunako Zubia, el club de tiempo libre Ur-Artea, Txitardin Jai Batzordea, la Asociación Cultural Bekoerri, la entidad de mujeres de la Ribera y ZAWP, medio centenar de vecinos desplegaron frente a las instalaciones una gran pancarta con fotografías de los destrozos ocasionados en algunas viviendas del entorno. También leyeron un comunicado en el que relataban «estos 14 años de pesadilla que vivimos desde que alguien concedió la licencia a este pabellón».
Esa misma tarde, los afectados acogían con «un tremendo alivio» la noticia de la sanción municipal. «Por fin nos van a permitir descansar unos meses», se alegraba Ángel Umaran, presidente de la asociación de vecinos, que aun así insistía en la «necesidad de alcanzar una solución definitiva».