El equilibrio en la convivencia entre naturaleza y ser humano es a menudo complicado. Buena prueba de ello es el conflicto abierto en Dima entre jabalíes y ganaderos. El barrio de Artaun, que linda con el parque natural de Urkiola y es refugio de estos mamíferos, se ha convertido en el escenario habitual de incursiones que se saldan con destrozos en pastos y huertas. Los vecinos calculan que son un centenar los ejemplares que merodean por la zona y se sienten «indefensos después de cinco años así».
La singular orografía dificulta las actuaciones de los afectados, que lamentan «no sólo el dinero que perdemos, sino el trabajo invertido en desbrozar los campos para que pasten nuestros animales. Luego llegan los jabalíes y en cuatro días dejan inservibles un montón de hectáreas. En invierno no nos permiten tener los rebaños en el parque y los bajamos a otros pastos que debemos arrendar», explican. «Resulta frustrante y cansado» esperar una solución que no llega.
Es, precisamente, en los meses más fríos del año cuando estos animales se hacen notar. «Ahora no tienen comida en el monte y bajan aquí a buscarla», señalan los baserritarras. Los afectados insisten en que «no podemos echar los rebaños al monte porque entonces nos multan, pero más daño hacen los jabalíes si les dejamos andar a sus anchas por nuestras tierras».
La ganadera Iciar Ruiz, propietaria de más de un centenar de yeguas, ha sido una de las primeras en lanzar la voz de alarma. Asegura que hace sólo unos días vieron «a dos madres con casi una docena de crías, que para el año que viene ya serán adultas. Cada vez habrá más si no se hace algo al respecto, porque estos animales tienen dos camadas de seis o siete ejemplares al año», prevé. Ruiz tiene 27 hectáreas diseminadas por diferentes puntos de Arratia y puede llevar a sus animales fuera del municipio, «aunque si ahora te destrozan 3.000 metros cuadrados, el próximo año estará lleno de juncos y mala hierba y tampoco podrá pastar el ganado».
A falta de otras opciones, Mari Cruz Mendiola y otros ganaderos se han visto obligados a «mantener las vacas en la cuadra», con el «doble gasto» que supone adquirir el pienso. Pero les preocupa la «poca vergüenza» de los jabalíes. «Después de que me sacaran cuatrocientas cebollas de la huerta, decidí plantar aún más cerca de casa y no me sirvió de nada. Y, una vez que están desenterradas, o te las comes todas de seguido o se pudren. Es digno de verse, cuando pasa no te lo puedes ni creer», afirma.
Lombrices y hierbas
Los jabalíes les han procurado también algún que otro susto. «Una vez me llamó la vecina porque pensaba que había alguien escondido detrás de su casa para robar», recuerda mientras detalla la dieta de su peor enemigo: «Les encantan las lombrices y unas hierbas con mucha raíz». Otros como Nieves y Benito han optado por dejar de sembrar en algunos de sus campos. Un «espectacular» maizal con alubias quedó destrozado. Ahora dicen haber aprendido la lección y ya no se llevan mal rato: «Viene el guarda, calcula las hectáreas, da parte a la Diputación, llega el tasador y aquí no pasa nada», indican.
Fuentes del Departamento foral de Agricultura argumentan que «hay un convenio firmado con la Federación Vizcaína de Caza, a través del cual se otorga una subvención con la que contratar un seguro colectivo para cubrir daños». Los vecinos, «cansados de que se pasen la responsabilidad de unos a otros», solo piden que se resuelva el conflicto porque, igual que los jabalíes, «nosotros también tenemos que comer».